Cruce

Por Juan M Penino

 

Esto puede ser una historia de mitad de semana, en mitad del día.

Por algún descuido del invierno hacen como veinte grados en pleno agosto, en algún punto del hemisferio sur. La ciudad, o lo que sería solo un cuerpo de ciudad, se reduce a la esquina de Luro y San Juan (ver foto). En ese cruce tan preciso, del lado que pega el sol a esa hora exacta, hay un café o un bar o como se quiera llamar. Dentro, unas cuantas mesas con sus sillas, los consumidores, los dos mozos que atienden simpáticamente, el de la caja y no mucho más. Hay una especie de planta alta bastante acotada, que parece recordar en soledad tiempos mejores ya lejanos. El Tipo que está acomodado contra la ventana, lo más cerca que puede del cruce de las calles, pide un fernet con un tostado para acompañar. Tiene en la mesa desplegada una nota del suplemento cultural de un diario de tirada nacional. Se concentra en un fragmento, que es la transcripción de un libro recién publicado y que se piensa comprar cuando su economía mejore. Lee: “Vengo de la noche con vos. Qué significa. Que vuelvo al abismo. Que caer es un lujo que se dan los que han subido. Que gatear rompe las rodillas y es hermosa esa costra que no termina de sangrar. Porque ahí estuvo tu lengua, materia en discusión. Cuando lame deja de ser tuya. El cuerpo, un atajo para sortear la muerte” *.

Cortó la lectura para mirar hacia las calles y sus veredas. Los cuerpos desfilaban en todas direcciones, con pocas ropas que colgaban de los brazos y las espaldas. Todos cuerpos acalorados por la impiedad del sol del mediodía de un día inesperadamente caluroso. Y pensaba que qué le importaba al día lo que esos cuerpos experimentaban, qué le podía importar a él todo lo demás. Pero algo sentía, era inevitable, era humano. La bebida amarga le activó un sentimiento agradable. El queso derretido del tostado jugó en su paladar y se sintió muy bien. Sin embargo, no podía parar lo que estaba pasando. Los cuerpos desfilaban sin detenerse por las veredas, la gente cruzaba la calle a pie, en los autos, en los colectivos, todos con sus historias y sus cosas y él a una distancia cada vez más enorme, sin poder frenar nada. Agobiado, agachó la cabeza, continuó la lectura ¿Para qué carajos serviría leer? ¿Para qué mierda escribir? Tal vez era como respirar, algo que le salía mecánicamente, que no podía asegurar que le fascinara, pero que lo sentía como una actividad vital. Como comer ese tostado o disfrutar de ese fernet ¿Para qué servía todo lo que uno hacía? ¿Para qué existía el mediodía? ¿Por qué todos mirando hacia la tele al presidente de turno mentir a la cámara, con ese mismo movimiento mecánico impensado, que sale tan natural? Todo se le hacía inevitable. Quería frenar las cosas, poner una pausa, tomar a esa mujer de la calle para decirle “Hola, te amo, ¿no me querés decír tu nombre?”**

O en una de esas ponerse de pie y tirar el vaso vacío contra la puta pantalla gigante siempre puesta en el canal de noticias de siempre. Con sus presentadores de noticias vestidos tan formales, grises, con sus falsas sonrisas de propaganda de dentífrico…y sí, mejor alguien de los que caminan por la calle, sucios del polvo y la contaminación, ellos tenían las noticias de verdad. Es más, con solo ver los rostros ya estaba todo el resumen del año ¿y para qué carajos engañarse? ¿Cuál es la gracia de ese juego siniestro? ¿Será que la escritura para él…? No, imposible. Por más mentirosa que sea la escritura también estaba sucia, no tenía nada que ver con esos destellos forzados de la televisión. ¿Sería aquella esquina un fragmento de alguna realidad? ¿La realidad podía contener esa velocidad, esa cantidad de gente sin poderse detener? ¿Cómo contarla entonces? ¿Cómo no engañar? ¿Cómo puede existir un texto transparente? No, no existe. O es mentira, ficción. “Hola, te amo, dejame entrar en tu juego”**

Terminó su pausa de mediodía, de mitad de semana. El viento sur comenzaba a recuperar terreno. El invierno volvía de a poco. Los buzos y las camperas recuperaban sentido. Los analistas se reunían alrededor de bebidas calientes y negras para cranear el próximo golpe, la siguiente movida para sobrevivir. Porque de eso se trata, de encontrarle la manera de darle un sentido al cruce de dos calles para sentir que hay una dirección, una manera de avanzar hacia algún lado. Él no veía nada de eso ¿Pero a quién le puede importar? Si lo escribía estaba perdido para siempre. Tal vez eso mismo era la escritura, un espacio estrecho en el cual filtrarse y romper la realidad, o al menos ponerla patas para arriba. O aunque sea lograr ese extrañamiento por un instante. Ojalá, pensaba, pudiera transmitir esa sensación de pérdida del centro por una milésima de segundo…

Molestar a tu existencia tan segura durante, al menos, un parpadeo. Después podés volver a ponerte el buzo porque es invierno, podés volver a decirme que soy un perfecto idiota y tener razón. Yo me quedo acá, con las migas del tostado, con las gotas del fernet. Llegará la tarde, el sol se esconderá por la 226, luego la noche traerá el frío y él / yo estaremos todavía acá, en esta misma mesa, en esta exacta posición, contemplando el cruce de Luro y San Juan. Menos gente pasará caminando, más extraños se volverán los pasos. Otro universo saldrá a escena. Las almas perdidas, las olvidadas y aquellos que no pueden dormir habitaremos el nuevo espacio. A lo mejor quiera volver a pararte, hacerte la misma pregunta, tu nombre. No creo que te diga que te amo, ya sabés que la noche me endurece el alma. La escritura ahora sí que tendrá sentido, porque entiende mejor ese espacio lunar, misterioso, peligroso. Es capaz de captar las sombras y las miradas esquivas, reconstruir las tramas que siempre son secretas por estas horas de la madrugada…Y ya va siendo hora de que salga el sol, que no lo voy a ver porque estará apoyado en el mar, distante.

 

Decenas de sobrevivientes del miércoles caminan en todas direcciones,

quién sabe a dónde van a esconder sus penas.

No sé qué hacer, tengo miedo de salir del bar / café y que el mundo no exista más.

O peor, que tal vez haya cambiado tanto que me obligue a marchar quién sabe dónde.

Mejor no me levanto, mejor sigo acá imaginando una historia que nunca voy a contar,

esperando por un nuevo y gastado mediodía en el que en una de esas te cruce,

para ahí sí salir y que las palabras cobren sentido,

una vez más.

 

 

  • Los fragmentos citados pertenecen a:

*Los que vienen de la noche (Guillermo Saccomanno / Fernanda García Lao)

**Hello, I love you (The doors)

 

  • Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar / Facebook: Juan Mnp

21A: odisea del gorila

Por Juan M Penino

 

“Desde las profundidades de mi cabeza de mono mi voz no es mi voz”

Rodrigo Fresán, La velocidad de las cosas

 

Me siento como uno de esos monos de la película de Kubrick, y no precisamente el que lanza el hueso al aire para que luego se convierta en una nave espacial. ¿Por qué? Paso a explicar:

En primer lugar, porque estoy leyendo el libro de Rodrigo Fresán La velocidad de las cosas, publicado cerca del fin del milenio pasado, y que incluye un relato de un tipo que formó parte de esa escena de 2001 odisea del espacio. Un viejo amigo de infancia de Stanley con quien jugaba al ajedrez. Los caprichos del destino, o más bien la necesidad de ese tipo por abandonar a su familia, lo colocan en el set de filmación de aquella mítica escena inicial del film, cubierto por un traje de mono, junto con otros falsos monos, uno de los cuales – no el tipo del relato – arroja el hueso que después, etc. Lo que sigue es la salida ¿al mundo real? de este tipo sin abandonar el traje de mono, junto con sus monos amigos. Monos por siempre. Se nota que el hecho de estar cubierto por un disfraz – que a su vez es como un regreso a la fuente, a la esencia perdida, una involución voluntaria – les da cierta impunidad que se siente bien. Ser parte de un colectivo de monos que no tienen que razonar demasiado, que pueden perderse en una muchedumbre de monos que son puro instinto y….descansar de la razón.

Por otro lado, porque estoy viendo las imágenes de la manifestación de ayer en la ciudad de Mar del Plata y otras partes del país. Una fácil analogía permite dar el golpe obvio, tendríamos que transformar a los monos de Kubrick en gorilas que salen a las plazas regresando a lo más profundo de su esencia gorila, involucionando con énfasis, manifestándose contra Perón, pero ahora bajo otra figura. No importa cual, el tema es siempre repetir un acto fundacional de un sector social que va a odiar al peronismo para toda la eternidad. Visto así, sería como una especie de secta religiosa que tiene un esquema para entender el Universo, y que no piensa ponerlo en duda, sino por el contrario busca ratificarlo a cada paso que da la Historia.

Los monos 2001: odisea del espacio

No me siento gorila, afortunadamente. Pero sí un mono. Un mono de 2001 Odisea del espacio. Un falso mono. Un tipo disfrazado de mono, que en realidad quiere desaparecer de la realidad para dejarla un rato nomás. Después queda volver, pero las vueltas son siempre una decepción. Y ahí están los regresos tan temidos, con el FMI y sus recortes a la cabeza. Y esa obsesión por destruir lo construido para después volver a levantarlo, pero mal. En ese tornado entran la educación pública, la salud pública, el trabajo, etc, etc. En definitiva, la estructura de la Nación. ¿Y todo para volver a…?

La misma escena del comienzo de la película de Kubrick, claro. En definitiva esa sería nuestra esencia, tan solo un grupo de actores de relleno, que no somos utilizados más que como portadores de un disfraz, que en realidad es nuestra primera piel, la que más se nos parece. Vaya paradoja.

En este relato de Fresán, igual, la clave parece estar en la memoria. Y eso es lo que más me gusta de todo este lío. Porque mientras que algunos regresos son irreversibles, hay otros que podemos evitar gracias a la fuerza de quienes siguen luchando y marchando por los derechos de todes. Y no son manifestaciones de monos ni gorilas, por eso van a tener fuerza y sentido siempre. No se trata de un conglomerado de individualidades amuchadas, resentidas. Sino que son personas decididas, con ideas, con convicciones – y esta palabra al mono y al gorila les duele -. Tal es la convicción, que lo que hacen es luchar por todes, por los derechos de todes, incluyendo los de los monos y gorilas que salieron ayer. En esas manifestaciones con espíritu no vale el disfraz, sino que es a cara lavada y poniéndole el cuerpo. El riesgo es otro, y tiene todo el sentido que se vincula con un pedazo del ADN argento. Sin dudas, el pedazo más virtuoso.

 

¿Que cómo saldremos de esto? Propongo otra cita de Fresán:

Recordé las palabras exactas de la respuesta de HAL 9000 al astronauta Frank Poole:

“Lo siento, Frank, pero no creo poder responder a esa pregunta sin saber antes todo lo que ustedes saben”.

Es una buena respuesta para casi cualquier pregunta, piensa el autor. Yo también.

 

*Pistas:

  • En los casos que utilizo la “e” en lugar de la “a” o de la “o”, lo hago en obvia referencia al lenguaje inclusivo. Me parece que cada vez que lo aplico al texto le estoy quebrando una vértebra al español y molestando a los puristas de izquierda y derecha. Lo adoro.
  • Para no sentirse tan mal recomiendo ver – o volver a ver – 2001 odisea del espacio. Y si no gustó, intentarlo otra vez. También deberían leer La velocidad de las cosas. Y si tampoco gustó, intentarlo otra vez, nada es fácil en la vida.
  • Para ser mejor persona: Tomar la lucha de Chicha Mariani como bandera. En sus propias y hermosas palabras “Que la juventud tome la posta para encontrar a los nietos que faltan”.

El guardián entre el “Centeno” – ensayo de una denuncia –

 

Por Juan M Penino

 

“Recuerdo que una vez le pregunté a Childs si creía que Judas, el traidor, había ido al infierno. Childs me dijo que naturalmente lo creía. Ese era exactamente el tipo de cosas sobre el que nunca coincidía con él. Le dije que apostaría mil dólares a que Cristo no había mandado a Judas al infierno, y hoy los seguiría apostando si los tuviera. Estoy seguro de que cualquiera de los discípulos habría mandado a Judas al infierno -y a todo correr- pero Cristo no. Childs me dijo que lo que me pasaba es que yo nunca iba a la iglesia, ni nada. Y en eso tenía razón. Nunca voy. En primer lugar, porque mis padres son de religiones diferentes y todos sus hijos somos ateos. Si quieren que les diga la verdad, no aguanto a los curas. Todos los capellanes de los colegios donde he estudiado sacaban una vocecita de lo más hipócrita cuando nos echaban un sermón. No veo por qué no pueden predicar con una voz corriente y normal. Suena de lo más falso”.

El guardián entre el centeno / The catcher in the rye

J.D. Salinger

 

En la ciudad de Mar del Plata, Partido de General Pueyrredón, en la Comisaría Distrital Quinta de Policía, a los 15 días del mes tremendamente gélido de agosto del año par – mala leche, seguro – dos mil dieciocho, siendo las 18:00 horas, comparece – botonea, manda al frente – ante el actuante – un ortiva – una persona – parece arrepentido – quien refiere deseos de radicar una denuncia penal, la cual es impuesta de las penas con que la ley castiga al falso denunciante (Art. 245 CPNA.), prestando juramento en legal forma de decir verdad de todo cuanto supiere o le fuere preguntado, manifestando ser y llamarse: Yo, de nacionalidad argentina, estado civil soltero, de 34 años, de ocupación surfista amateur / escribiente mediocre / conductor radial con pocos matices / muy mal vendedor de seguros, nacido un día soleado, impreciso del mes de febrero del año de la novela de Orwell, en alguna localidad balnearia (in)feliz, con domicilio en el corazón del Barrio Rivadavia este medio, DNI/LC/LE extraviados, el exhibe y retiene en su poder, teléfono de contacto que dice no tener, pero seguro miente y en una de esas se arrepiente y lo anota otro día, e-mail: al final de la nota. Seguidamente a preguntas que se le formulan DENUNCIA, arrepentido muy: que se hace presente a los fines de poner en conocimiento que en un día que no recuerda, siendo alrededor de alguna hora, refiere que vio o creyó ver a un tipo que se acercó y le dijo “Hermanito, me llamó la tía, andá para tu casa porque Dios se hizo presente allí”. Que por tal motivo el dicente rápidamente se hace presente en su domicilio y al ingresar constató que autor ignorado – presuntamente un dios de cualquier religión patriarcal de las que creamos como sociedad, con muuuuuuuuy poca originalidad y peor gusto – previo violentar una reja, bastante flojita, que posee en una habitación que da al frente de la vivienda ingresó y sustrajo del interior los siguientes elementos: un televisor que al momento no recuerda que tuviera, dos pares de calzoncillos boxer imitación de marca conocida, dos focos led a medio consumir, una sidra con fecha vencimiento 5/08/2018, dos cuadernos tapa dura Rivadavia donde estaba escrita la totalidad de datos necesarios que probarían que ningún Dios existió, existe y, mucho menos, existirá. Refiere que también utilizó el inodoro- para hacer lo segundo- y no tiró la cadena – en este caso había que tomarse el trabajo de llenar un balde de agua, etc.-. Consultado si conoce de la existencia de testigos presenciales del hecho, mismo manifestó que no tiene idea, como así también que desconoce de la existencia de cámaras de monitoreo – al parecer rematadas por el intendente de la ciudad, que también manifestó esta semana que no tiene un peso y mucho menos idea de qué carajos va a hacer -. Consultado si la vivienda cuenta con seguro, refiere que no se acuerda, que ojalá, pero que en todo caso los cuadernos ya no los puede recuperar, al menos escritos. Preguntado si posee documentación de los elementos sustraídos, el denunciante mira al piso pensativo, da dos pasos hacia atrás, parece decidido a salir corriendo, ya está cansado del día y de las cosas que tiene que terminar haciendo para sentirse vivo. ¿Qué sentido tiene ser buchón y ortiva?. Mejor se vuelve a su biblioteca, que no fue tocada, y que todavía y para siempre los tiene a Orwell y a Salinger como para poder encontrar algo más que lo que ya viene producido en serie y en tamaño de Tweet. No siendo para más el acto se ratifica en su totalidad por ser el fiel reflejo de sus dichos, y firma al pie para constancia, juntamente con el actuante, con algún Dios copado y ausente – como mínimo – y por ante mi, lo que CERTIFICO—————————————————–

 

Firma X                                   (y por acá va el sello)

Firma Y

Firma Dios (ausente) …

 

 

 

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Fantasmas: Noche de cine et nada

Por Juan M Penino

 

“Tal vez todo se deba, simplemente, a que los fantasmas viajan. El fantasma funciona como protesta última contra la inmovilidad incontestable del muerto y, en cambio, la mayoría de las pocas personas con las que me he atrevido a conversar del tema me cuentan que a ellos los fantasmas se les aparecen cuando duermen. En el sueño, dicen, somos más permeables a la idea de lo imposible y los fantasmas se aprovechan de este instante de debilidad en el que lo real tiembla y se extingue como la llama de una vela golpeada por el viento. De ser esto cierto, la relación entre mi fantasma y los de ellos se me hace casi transparente: El viaje es también, si se lo piensa un poco, una de las formas del sueño”

La velocidad de las cosas

Rodrigo Fresán,

 

Viajaba en el colectivo, vuelta del laburo, cuando leí ese fragmento de ese libro de Fresán. Ahora pienso, que tal vez lo que estaba haciendo esa noche era soñar y que todo lo que percibía como realidad unívoca, no lo era para nada. Y todos los que habitábamos ese instante, un momento de lentitud y oscuridad universal, no éramos más que perfectos fantasmas. Y de estas apariciones y secuencias inmateriales está compuesta esta ¿nota de opinión? de la semana, en el Barrio Rivadavia de la ciudad de Mar del Plata / Batán.

Porque el cine es medio fantasmagórico, como todo el arte. Mucho más puede serlo hoy día si se tiene la posibilidad de observarlo en cintas fílmicas 16 milímetros, proyectadas sobre una regia pantalla, en el sub suelo de un local céntrico*1. Esta semana de invierno agostino tocó presenciar una película del director japonés Kazuo Kuroki El rostro de Jizo (2004). El film – nunca mejor dicho – forma parte de una trilogía sobre los bombardeos atómicos en Japón, durante la Segunda guerra Mundial, que se conoce como Réquiem de guerra. En esta, que es la última de las tres, se centra en la historia de una hibakusha, nombre con el que se conoce a los sobrevivientes de la bomba atómica. Más precisamente la película trata sobre los efectos emocionales, espirituales, que padece esa joven que ha salvado su vida por fortuna. Esta historia tiene la particularidad – dentro de la trilogía- de concentrar el argumento y apuntarlo casi exclusivamente a la relación de la sobreviviente y su padre muerto, dentro del mismo espacio: la casa familiar en ruinas, llena de restos de explosión y recuerdos de muerte, en medio de una Hiroshima posapocalíptica, en 1948. Ella está rodeada de fantasmas y le pesa toda la culpa. La culpa por nada menos que continuar viva. Y el fantasma mayor, su padre, la culpa más pesada, se le aparece como efecto de un salpicón inesperado que se produce porque la joven se ha enamorado. Esa es la linda interpretación que da el padre fantasma, interpretado de manera impecable por Yoshio Harada. Mejor valdría decir que esa aparición no es más que un producto del trauma, manifestándose insistentemente, dialogando con quien lo padece. Un trauma muy profundo y fuerte, que genera culpa, que vuelve a su víctima en una condenada al sufrimiento, a no volver a sonreír, una imposibilitada para el amor. Y cuántos de estos “terribles accidentes del alma” – en palabras de Guillermo Saccomanno – se cuentan en la Historia del mundo, por acción directa de la humanidad contra sí misma. La joven hace suya la afamada frase del filósofo Theodor Adorno, quien dijera que después de Auschwitz no se puede volver a escribir poesía. Los fantasmas de la segunda guerra también pesaban sobre él. Y la película se va desarrollando casi teatralmente, con diálogos que comienzan siempre en una situación familiar diaria / hogareña entre padre e hija, para ir aumentando la intensidad dramática hasta dejar al espectador lleno de angustia y tristeza, al borde de las lágrimas. Y al final uno se queda triste porque ese fantasma que se va despidiendo es de los buenos, es de las personas pequeñas y sufrientes que protege el dios budista Jizo. Y se siente en carne propia el dolor de la hija- interpretada espectacularmente por Rie Miyazawa – que queda allí entre las ruinas comprometida a continuar con su vida, aunque no pueda nunca evitar del todo llevar una vida fantasmagórica.

De fantasmas y cine están hechas estas noches, y ahora viajamos / soñamos hacia las pantallas modernas del decimocuarto Festival de cine independiente de Mar del Plata, el MARFICI 2018. Y de acá quiero destacar el documental de Agustín Argento, Facundo Caramelo y Juan Oribe, quienes pusieron su esfuerzo para corporizar un disco fantasma, que nunca se editó en nuestro país, pero que es una verdadera joya del rock nacional: Miguel Abuelo et nada. Un documental sobre el disco de Miguel Abuelo del que menos información y más misterio hay, que es una gran oportunidad para meterse de lleno en la etapa parisina del artista, que tiene un montón de fantasmagórico: mitos raros, informaciones falsas, surrealismo, lisergia y siete canciones que conforman uno de los mejores discos de su época y de todas las épocas. No espoileo más, porque todavía se puede ver*2. Lo que sí adelanto: para fin de año, finalmente, se edita el disco en Argentina.

Hoy es miércoles y llueve en la ciudad (in)feliz. Los tonos son grises, apagados (ver foto) y todes estamos atentes a las pantallas esperando por que se apruebe la ley de interrupción voluntaria del embarazo (el aborto legal, seguro y gratuito). Ya habíamos experimentado una sensación parecida con los discursos de los diputades. Hoy compruebo con mucho pesar que también hay presencias fantasmagóricas – pero de las monstruosas que dan asco y meten miedo – en la cámara alta. Pareciera que ampliar derechos a la ciudadanía no fuese el principal deber de les funcionaries.

Es como si los fantasmas, la culpa y los traumas estuvieran condenados a existir y marchar junto a la humanidad, por siempre. A lo mejor esto se revierte, la esperanza es lo último que se pierde, aunque no puedo evitar irme a dormir con amargura. En una de esas, mañana desayuno liberado de una culpa colectiva que tampoco me deja ser feliz plenamente. Es ahí donde venimos fallando. Por favor, que sea ley.

 

*1: Me refiero al Cineclub Dynamo, que se lleva a cabo todos los jueves desde las 20hs. En el Espacio Cultural Bronzini (Rivadavia 3422, sub suelo). Todas las proyecciones son a la gorra.

*2: Miguel Abuelo et nada se proyectará nuevamente el próximo viernes 10 de agosto, a partir de las 21:10hs. En la sala Soriano A de la Biblioteca Municipal.

 

 

Para más, contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

 

La vida tómbola

Por Juan M Penino

 

La vida es una tómbola…

de noche y de día…

Manu Chao

 

Todas las realidades juntas hacen a la Historia. Eso sí, habrá un orden marcado por las prioridades que siempre quedan en manos de los que no habitaremos el futuro. Entonces, algunas cuestiones trascenderán, otras quedarán en el olvido y otras sufrirán penosos manoseos que las llevarán a la pérdida del sentido. En verdad, esto último le sucederá a todas las historias que se ubiquen, en cada tiempo, en pugna por ser la Historia ¿Y quién decide? Habrá que exponerlas y ver qué pasa a medida que cambiemos almanaques – en la versión que sea, los nostálgicos prefieren el clásico de papel, los millennials el que viene preconfigurado en el celular -. En la última semana de julio del 2018, más invernal que nunca, acumulé un montón de esos sucesos en el Barrio Rivadavia y en el resto de la ciudad de Mar del Plata. A continuación, y sin ánimos de molestar a nadie en particular – sino a todes en general – enumero un conjunto de anécdotas / voces que, en una de esas, estén relacionadas con esa cosa amorfa y compleja que – lenguaje mediante – llamamos realidad:

 

  • Kevin vive en la calle y duerme estas noches de crudo invierno bajo el reparo de la sucursal de un Banco céntrico (ver foto). Solo tiene un colchón, una frazada y un par de zapatillas que nunca utiliza por miedo a que se las roben. Cuando alguien le pregunta sobre cuál es su situación, él estira lo más que puede su largo cuerpo y sentencia: “Ya no me importa nada, la vida y las personas me trataron para el culo”.
  • Una cantidad de personas difícil de precisar se junta en una calle, un día de semana muy frío de invierno. Hay helada, aunque no se aprecie en el asfalto, es muy temprano. Hay banderas, camisetas de un club de fútbol, micros y mucho fernet con coca y hielo. El dueño de la estación de servicio se muestra entusiasmado por la cantidad de bolsas Rolito que vendió. Desde su perspectiva, le alcanzó para zafar las magras vacaciones de invierno.
  • Un joven veterinario cruza con su auto por la avenida Jara. Advierte un carro precario tirado por el esfuerzo de un escuálido caballo, pariente de Rocinante pero sudaca. El joven lanza un insulto al aire “Negros de mierda, los mataría, mirá lo que le hacen al pobre caballo”. El equino es maniobrado por un adolescente y su pequeño hermano. Son las ocho y media de la noche, está oscuro, es un día de semana de los más feos, hace demasiado frío. Los pibes van de remera y juntan los cartones que encuentran en los tachos de basura.
  • Alguien entra en un comercio, con el primer o segundo sol de la mañana fría de un martes. Como tiene cierta confianza con el empleado que atiende, no tiene reparos en exponer su idea para “solucionar” los problemas del país “Ya sé que se les fue la mano en su momento, pero con los militares en el poder estábamos mejor”. El hombre es jubilado, no votó a Arroyo.
  • Un reciente ex joven le comenta a otro, en la tarde del domingo, mate por medio, cuál es su nueva estrategia de conquista “Yo ahora voy a los boliches donde puedo encontrar mujeres mayores. Ya no quiero más quilombos y no tengo un mango. Hay un par de viejas que van con la cartera llena de billetes verdes, y yo no tengo drama, olvidate. Mientras me paguen la birra, los tragos, el telo y el tacho soy feliz. Eso sí, tengo que estar bien escavio para poder garchármelas, tienen la edad de mi nona”.
  • Otro jubilado le pide a un millennial que se ponga un tango, en la computadora de la oficina que comparten en el micro centro. Suena Troilo, recita Goyeneche, todavía…….SUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUURRRRRRRRR, paredón y después……SUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUURRRRRRRRR, una luz de almacén……Ya nunca me verás como me vieras, recostado en la vidriera y esperándote…
  • Una joven enfermera le explica a un par de amigos por qué es tan importante que se legalice el aborto. Para que lo puedan entender mejor, cuenta su propia experiencia en el lugar de trabajo “No saben la cantidad de chicas que llegan con sangrado, con riesgo de perder la vida por culpa del aborto clandestino. Y algunas no zafan. Si no se legaliza el aborto eso va a seguir pasando, ¿entienden?
  • Una casa de comidas histórica de la ciudad cierra sus puertas y deja un vacío en su esquina de toda la vida. Más vacíos quedan los trabajadores. Uno mira al otro y le pregunta “¿Y ahora qué carajos vamos a hacer?”
  • Una muchacha del barrio llega a su casa por la noche y advierte que la puerta está forzada, rota, alguien entró. Con mucho miedo ingresa y descubre que le robaron las pocas cosas que tenía. Lo que queda solo es desorden y angustia. Se tantea el bolsillo para usar el celular, pero se acuerda que no lo tiene más, se lo habían robado en la calle, el día anterior.
  • Una madre y un padre se miran indignados, el domingo a la noche, terminadas las vacaciones de invierno “Estos sindicalistas de mierda siempre hacen lo mismo, son corruptos y quieren arruinar la educación a nuestros niños”. Sus hijos, el lunes, tendrán clases, van a una institución privada, donde les enseñan – entre otras cosas – que el preservativo es un producto diseñado por el diablo.

 

Son historias que transcribo como las recuerdo, haciendo un esfuerzo por suspender mis ganas de intervenir. Ahí quedan disponibles para diversas interpretaciones. Todo lo que escuchamos, lo que leemos, lo que presenciamos es factible de ser transformado. Esa posibilidad, esa libertad es la que nos hace más humanes, será cuestión de aprovecharla…

 

…La vida es una tómbola

y arriba y arriba…    

 

 

*Contacto, donde podemos comunicarnos y leernos en paz: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar