Llegar tarde, “Contrao o Cuentrao”

Por Juan M Penino

 

“En la investigación criminalística hay que distinguir entre el ver y el decir, afirmó Croce. Son modos distintos de acceder a la verdad, dos regímenes de conocimiento. Por ejemplo, en la noche veo una luz que titila en el campo, recurro al largavista, instrumento óptico, y verifico que a lo lejos un auto con las luces prendidas se acerca y que el conductor parece dormir abrazado al volante ¿está borracho? Me acerco, abro la puerta del coche y verifico (es decir, verifico) que el hombre (porque es un hombre) está muerto con una herida de arma blanca en el pecho. No hay rastros del cuchillo. Recurro a la lupa (otro instrumento óptico) y busco ver si hay huellas dactilares. Luego tengo que decir lo que he visto. Es decir, le dicto al escribiente Medina lo que creo haber visto, las evidencias (anoten esa palabra cuya etimología remite al ver). Medina teclea en su máquina de escribir (instrumento verbal) y en un lenguaje codificado que hemos encontrado a “Un masculino, muerto en un automóvil”, y así los dos registros de la verdad actúan, disímiles, en nuestra profesión, dijo sonriendo Croce. Ojo, al principio las pistas se rastrean como un baqueano y luego se escribe, o sea, pasamos al lenguaje nuestras observaciones y el pasaje supone criterios y condiciones de verdad que son distintos y, diré más, antagónicos ¿Se entiende lo que quiero decir? Más o menos, le dije”

Ricardo Piglia, en Los casos del comisario Croce

 

…Creo que decía algo así, como que por un lado estaba la verdad, por otro la justicia y como orbitando más lejos, casi sin tocarlas, el periodismo.

Claro que me pareció interesante lo que hablaba. No era común en el café del club Jara escuchar a alguien hablar así. Es más, por esos días estábamos todos bien charlatanes con el tema de si Racing iba a poder jugar el partido con Vélez, para ver si podía salir campeón de una vez por todas. Los hinchas estaban hartos de que los de Independiente sumaran un aniversario más y les cantaran el cumpleaños feliz cada clásico de Avellaneda: “Uno, dos, tres…hasta treinta y pico contaban los guachos y remataban con un estruendoso Que los cumplas felíz, que los cumplas felíz”. Ese era el gaste más taquillero del fútbol argentino por aquel entonces y se estaba por terminar. Pero, mientras tanto, el país entero se iba a la mierda, no había laburo, la gente se moría de hambre, los saqueos se multiplicaban, etc. ¡Pero andá a para el fúlbo en Argentina! Imagino que pasados los años y las crisis terminales lo único que va a quedar es el fútbol. Bueno, como contaba, ese tipo con apellido brazuca, Contrao o Cuentrao creo que era, despotricaba contra la falta de moral y ética de todos los argentinos. Él parecía como que se excluía del colectivo, como si formara parte de una sociedad paralela que se rigiese por una moral superior, por una ética más allá del bien y del mal. Pero el tipo estaba ahí, en un café del barrio Rivadavia, tomando una birra como todos los demás, en el medio del quilombo y tan enamorado de las jóvenes gitanas como nosotros. Más te digo, se contaba por lo bajo que este Contrao o Cuentrao estaba metido hasta las pelotas con la hija de un gitano bien poronga del barrio, y que por no tener un mango partido al medio no tenía permitido ni siquiera mirarla. Dicen que el tipo, que era medio poeta, le escribía cartas a la mina y ella se moría por estar con él. Pero la decisión era del jefe de la familia gitana. Porái tuvieron mala suerte, hoy las cosas son mucho más fáciles, digo, hay guasap, yutub y celulares inteligentes, qué se yo, en una de esas las tradiciones se van rompiendo también, ¿no?. En fin, como andaba solari, este ñato paraguargenbrasilero se la pasaba en el café del club hablando de la situación del país. Pero ese día que te cuento la cosa se había puesto más…filosófica, ponele. Y fue que en una tiró esa frase que todavía no logro entender del todo. Porque para eso son las frases piolas, ¿no? Para que no las puedas entender de una… O sea, sé que lo más importante para un periodista es la verdad, en eso es igual al investigador de crímenes. Pero, a la vez, estoy seguro de que la verdad siempre es complicada, sino no haría falta luchar tanto por encontrarla, ¿no?. En ese caso sería como la felicidad, ponele. Como que de a ratos uno la tiene, de a ratos no, y siempre llega cuando ya pasó. Digo, te das cuenta después, por ahí en el momento no le das bolas o interpretás para el orto. Hay veces que pensás que sos feliz pero no, como hay veces que estás seguro de estar en lo cierto, pero estás a diez mil kilómetros de la verdad. Entonces en eso es clave el tiempo, como dice el comisario Croce “hay que llegar tarde”. Pero hoy día un periodista no puede darse el lujo del tiempo, igual que un político o un investigador. La sociedad exige la interpretación ¡ya!, aunque sea en tuiter. Ahí, tal vez, empiezan los problemas. Es que la verdad requiere tiempo e, inclusive, ni el paso del tiempo ayuda a descubrirla. Y, mientras, la vida pasa y las injusticias se encadenan sin pausa, caen como agua de cascada y van destrozando a la sociedad entera. Por eso la justicia queda siempre en orsái, y si la pega es de carambola. Y el periodismo orbita ¡claro! Y desde esa distancia publica sus editoriales apresuradas y bancadas por la Coca Cola, sus interpretaciones llenas de equívocos y subjetividades de negocio. Y ya se generan las múltiples verdades en las que quedamos todos atrapados, una red interminable de interpretaciones y teorías conspirativas que terminan siendo utilizadas para odiar a alguien más. La justicia siente todas las presiones, los políticos meten el dedo y nuevos juicios a los juicios originales nacen, en una maraña que no entiende nadie. En el medio se llevan puestas a las víctimas, a los familiares, a los amigos y a las personas que se preocupan de buena fe. ¿Y la verdad dónde está? Lejos, cada vez un poco más allá. ¿Y la justicia?

  • No existe, loco. La justicia es una instancia interpretativa más de los hechos. Imaginate que un juez está lleno de prejuicios, tiene sus ideas previas a los hechos que debe juzgar, es hijo dilecto del patriarcado. ¿Cómo pensás que un tipo así puede dar con la verdad? Salvo una carambola, la verdad es imposible para el lenguaje. La justicia, si es que tal cosa existe, se milita y se construye en la calle, poniendo el cuerpo. Lo demás, es interpretación periodística.

Algó así dijo Contrado o Cuentrao, pagó la cerveza y se fue…Ya sé muy bien lo que se dice de él y su pasado filo nazi, pero yo creo que en ese instante de su vida había cambiado. La depresión y el amor no concretado lo habían hecho ablandarse. Al menos, eso es lo que me gusta pensar a mí. Digo, no es la verdad absoluta, es solo una interpretación, ¿no?

 

*El testimonio fue tomado en un café de una estación de servicio YPF, en algún lugar de la ruta 2. El nombre y cualquier otro dato del entrevistado no pueden ser develados por pedido explícito de la mujer y los hijos del declarante. Al parecer, la teoría del eterno complot y la paranoia que genera ocasionaron la decisión desmedida. “No nos gustaría ganarnos el reproche de los grupos de neonazis que hay en el barrio, ni del resto de la humanidad. Como decíamos, vaya a saber qué verdad interpreta cada quien sobre lo que usted escriba, acerca de lo que yo dije. ¿Se entiende?

A lo que yo respondo…

 

Un abismo es un abismo

Como una catarata es lenguaje

Y los cuerpos danzan debajo

Esperando el ritual que no entienden,

Que nunca dejarán de practicar,

Que mana de la fuente de la verdad,

Que no funciona los días de semana,

Que está cerrada los sábados por la tarde,

Que resucita un domingo temprano

Solo para hacernos seguir una ilusión.

Programa 36 de La Estratósfera 22/11/2018

Compartimos la emisión del programa semanal La Estratósfera. En esta oportunidad festejamos el día de la música, con la grandísima ayuda de nuestres oyentes y sus geniales propuestas, repasamos las noticias (Marcha de les enfermeres, abrazo solidario a la Casa de la Memoria y la violencia institucional en la Araucanía, Chile), el crítico se mete con el Festival de Cine y nos recomienda un lugar para salir a tomar algo, disfrutamos de los 50 años del mítico Álbum blanco de Los Beatles en el Walter rock, recomendamos el último libro de relatos de Ricardo Piglia “Los casos del comisario Croce” y sorteamos nuestros particulares y extrañísimos premios. También te recordamos algunos recitales para este fin de semana en mardel y analizamos ciertas cuestiones del festival Lollapalooza 2019.

Como -casi- siempre, transmitimos desde el Estudio 3 de la Planta Alta de Villa Primera, barrio de guapos, medias lunas dulces y café de Juan Valdez, que dejó el burro atado en el palo de luz de la esquina de lo de Jony.

Recuerdos de la infancia

Revisar en la memoria y el corazón de uno es volver, sin duda alguna, al tiempo de la infancia, el tiempo de la inocencia, el tiempo donde el mundo es una inmensa paleta de colores de la que se puede elegir cualquier opción, sin prejuicios, con una naturalidad que solo se tendrá en ese instante mágico de la vida. El director mexicano Alfonso Cuarón vuelve sobre su propia infancia en Roma, el barrio que habitó de chico en la ciudad de México y que le da nombre a su nueva película. Si bien el punto de vista no es el del niño, sino que la protagonista es Cleo – la empleada doméstica -, todo ese pasado en blanco y negro, esas escenas que son detalles al pasar de la vida, le pertenecen y las comparte combinando la ternura, el humor y el drama. Esencialmente se trata de un drama de época, una familia burguesa de la capital mexicana, compuesta por cuatro niños y una pareja de profesionales a punto de separarse, conviven con su empleada doméstica Cleo, quien también pasa por momentos muy turbulentos en su vida. Pero lo que más destaca de este largometraje son esos planos con detalles tan reconocibles, tan comunes y rutinarios que nos envuelven a todes les presentes. Hay escenas muy fuertes y sentimentales que hacen sensibilizar hasta el espectador más duro. Y no quiero adelantar nada porque la película se va a estrenar en la plataforma Netflix, la primera semana de diciembre. La multinacional fue quien permitió que el largometraje de Cuarón cerrara el 33º Festival Internacional de Cine. Por supuesto, la sola aparición de la N característica de la plataforma de series y películas on demand, produjo una silbatina generalizada. Pero, superado el momento de escrache, el plano detalle de las baldosas del garaje de la casa baldeadas con agua y algún producto de limpieza, nos ubicaron en ese lugar, la casa de la infancia, el ambiente donde se guardaba el auto, que también era refugio del perro, quien dejaba su escremento esparcido. Y Cleo tenía que baldear, no quedaba otra, y los niños corretear y jugar haciendo macanas, mientras el mundo adulto se encargaba de complicar las cosas, casi sin poderlo entender. Porque todos esos ingredientes tiene la vida, y esa velocidad. Pero lo más importante es ese abrazo del afiche, que se ve en las paradas de los colectivos de la ciudad, ese abrazo del alma, inmortalizado en la retina del que recuerda, un abrazo que resume el vínculo esencial de la familia. Por eso recomiendo la película de Cuarón y me parece que fue un cierre hermoso para la semana de películas festivaleras en las salas marplatenses.

*Claro que la proyección se produjo un día raro. Una mañana gris en la que todes nos enteramos de la aparición de los restos del submarino ARA San Juan. Una mezcla de sentimientos, el alivio y el dolor por las víctimas – las desaparecidas y sus familiares -, todas ellas sin consuelo y sin justicia hasta el día de hoy. Ojalá que en el futuro podamos acercarnos a la verdad,  es el deseo de todo un país y nuestro, por supuesto.

El monstruo de la montaña

La primera pregunta que dispara la película Muere, mosnstruo, muere ni bien finaliza es: ¿Qué acabo de ver? Por su estructura argumental, podríamos decir que se trata de un policial, un thriller, ya que tenemos una serie de asesinatos sin resolver con un patrón que se repite: las asesinadas son mujeres y todas por el mismo mecanismo, la decapitación. Pero con este último elemento empezamos a acercarnos al terror, al gore, a un largometraje de horror, porque su director, Alejandro Fadel, no escatima en escenas escatológicas y sangrientas. Volvemos a la teoría del policial, tenemos un detective, un policía rural, ni siquiera de pueblo sino más bien de desierto montañoso, porque los hechos suceden en un punto poco preciso de la cordillera mendocina. El personaje Cruz es un clásico de los policiales argentos, un policía bastante osco, sumiso, callado, pero con una sabiduría y un sexto sentido que parecen manar del mismo paisaje natural que lo fue formando. Pero con él, además, aparece un triángulo amoroso, la parte de drama romántico que es otra cuestión dentro de la misma película. ¿Entonces? Como para complicar aún más las cosas, después se suceden elementos que emparentarían a la película más con Alien que con cualquier otro referente del cine nacional. Y también está la crítica social por lo bajo, los temas del momento en nuestra sociedad: los femicidios, el machismo, la violencia de género. En definitiva, una apuesta muy original y arriesgada que arrojó resultados dispares en les espectadores.

*Dato: el director, que subió al escenario del Auditorium junto con su equipo de trabajo, dio su parecer acerca de lo que es para él hacer una película. Parafraseo su certera definición: “Para mí hacer una película es como ir de viaje”. Interesante comparación, como para tener en cuenta.

*Mientras escribo esta pequeña reseña me entero de los resultados que dio el jurado, en la gala de premiación que corona al 33º Festival Internacional de Cine Mar del Plata/Batán y comienzo a pensar alguna que otra conclusión. La principal es que, desde mi manera de verlo, un festival es mucho más que la jornada de premiaciones. No digo que no sea importante por una cuestión de prestigio y de apoyo financiero para quienes realizaron las películas, pero como espectador no es lo que más me interesa. Es más, sinceramente, las segmentaciones tampoco son algo que me agraden. Cada historia que se cuenta en el modo en el que se hace es una sección en sí, no importa si es ficción, si es documental o el híbrido que fuese. Diría, mejor, que todas las películas entran en la categoría cine, que todas las películas tienen algo que contar, que todas las películas juegan con el sonido, la imagen y el lenguaje escrito, que todas las películas ponen en juego una mirada sobre el mundo y el momento histórico en el que fueron realizadas. Afortunados les marplatenses que, todavía, tenemos la posibilidad de disfrutar todos los años de un festival artístico tan interesante. Ojalá siga por mucho tiempo, ojalá que este gobierno gibarizador no termine por destruir la posibilidad de vincularnos a través del cine.

La memoria

Cuando la ausencia, el dolor y la falta de justicia se hacen presentes, las calles, los lugares, las almas quedan vacías, vacíos…vacío.

Es la trama que se reconstruye en el documental Las cruces, de les chilenes Teresa Arredondo y Carlos Vásquez, un episodio más en la oscura historia que comenzó en septiembre de 1975, a días del golpe militar contra el gobierno de Allende. Durante esas fatídicas jornadas para la humanidad entera, se perpetuó la desaparición de 19 trabajadores de una maderera, que luego sería recordada como la masacre de Laja y San Rosendo. Les directores recomponen la historia a partir de la lectura de testimonios y documentos de la investigación que comenzó a llevarse a cabo varios años después, a partir de testigos y carabineros arrepentidos. Mientras vemos las imágenes desoladoras de los lugares donde se produjeron las matanzas, somos atrapados por la lectura de los testimonios en las voces de familiares de las víctimas de la masacre. El sonido juega un papel fundamental, porque esas palabras cobran un peso enorme, permiten reconstruir los terribles sucesos y hacen sentir el dolor de la pérdida de un ser querido, lo que su ausencia deja en los lugares y en los espíritus. Luego están la búsqueda de justicia, la lucha contra el aparato estatal protector de la violencia institucional, aún hoy, aún con testimonios claros, aún habiendo hallado la fosa común, aún teniendo los huesos de las víctimas, aún sabiendo lo que un grupo de asesinos borrachos con uniforme militar hicieron. Quedan el vacío y las cruces, esas cruces que aparecen como testimonio, como protesta muda pero constante.

Se puede intentar ocultar la verdad,
se puede intentar borrar la memoria,

se puede intentar obstruir a la justicia,

se puede intentar…

Pero están las cruces, los familiares, sus recuerdos, su incansable lucha, lo que impide que el intento se pueda concretar.

Un documental potente y que no podría haberse hecho de otra manera. Las escenas vacías, las voces con los testimonios, los cuerpos ausentes, la falta de justicia, todo se ve y se siente en esta película fundamental para reconstruir memoria, verdad y justicia.

 

*Las cruces forma parte de la sección Competencia Latinoamericana.

Mi papá el represor

La mirada de los hijos de los genocidas es un punto de vista relativamente novedoso dentro del cine nacional, por lo que El hijo del cazador tiene un valor muy interesante dentro de la filmografía de memoria, verdad y justicia Argentina. Estructurada como un documental donde la cámara toma el testimonio de vida de Luis Alberto Quijano, hijo del represor Luis Alberto Cayetano Quijano, juzgado por más de doscientos delitos cometidos durante la última dictadura militar, entre los que se le imputan 58 privaciones ilegítimas de la libertad agravadas, 154 imposiciones de tormentos agravados, 98 homicidios calificados, 5 imposiciones de tormentos seguidas de muerte y la sustracción de un menor de 10 años. El hijo del monstruo da su visión de los años en los que su padre lo obligaba, con apenas catorce años, a presenciar sus crímenes y a realizar tareas de apoyo en operativos y en el centro clandestino de detención La Perla, uno de los infiernos más recordados creado por la dictadura. La mayoría de las escenas lo muestran al hijo del represor mirando a cámara, en un plano que toma su rostro que resalta de un fondo totalmente negro, contando su verdad, exponiendo al padre del que, finalmente, renegó. También no ahorra en críticas hacia su madre, a quien acusa de haber sido una persona abyecta y despreciable.

Pero promediando la película, este personaje va dando indicios de tener una personalidad ambigua, hasta que comienza a descubrirse como un tipo más oscuro de lo esperado. Ese es el momento de quiebre en el film y el que comenzó a generar indignación en la mayoría de les espectadores presentes. El punto cúlmine, donde ya no hay retorno, se da cuando el hijo del genocida avala la teoría de los dos demonios, asegurando que en Argentina lo que hubo fue una guerra civil y no terrorismo de estado. Este vuelco dejó una sensación amarga en el público que, finalizada la proyección, comenzó a hacer catarsis reprochándole a los directores Germán Scelso y Federico Robles la forma utilizada para montar el documental.

En definitiva, la película resulta muy importante como registro de la visión del hijo de un genocida, una parte de la memoria que se está empezando a reconstruir hace poco tiempo en el país.

*Algún dato: Por lejos, esta película es la más polémica de las que me ha tocado presenciar.

*Las imágenes de los represores en el juicio de la megacausa La Perla me siguen generando un asco/miedo/odio/escozor que todavía no puedo controlar.

*Párrafo a parte para el testimonio de la mujer belorrusa, actualmente casada con el hijo del represor, quien con apenas unas palabras – sumado a lo no dicho – deja bien en claro el carácter ambiguo del protagonista. Una escena que me parece crucial para entender al personaje y, por ende, el documental.

  • La película se vuelve a proyectar el día viernes 15 de noviembre a las 16:20hs., en la sala número 1 de Los Gaitas.

El luchador

Son poco más de las 19:45 de un martes lluvioso, la expectativa crece en el Auditorium, la película anunciada se hace desear. De repente, ingresa el presentador al ring, habla sobre un pequeño inconveniente técnico, luego comenta al pasar el motivo por el que la directora Marie Losier no va a estar presente y, ahora sí, hace el anuncio más esperado: detrás de los espectadores, en la entrada al teatro, está ingresando el luchador Cassandro, con su malla ceñida al cuerpo y un tapado tan elegante como llamativo, que arrastra una larga cola como vestido de casamiento. A diferencia de la mayoría de los luchadores libres mexicanos Cassandro no utiliza máscara, sino que sube al ring a cara descubierta, al mundo con el rostro de la persona que eligió ser. Cubierto de maquillaje y con una cabellera rubia y ondulada puesta a mirar hacia el cielo, saluda como la figura que es, toma el micrófono para presentarse, anuncia su película y alza el puño izquierdo con un pañuelo verde bien visible. La ovación no se hace esperar, el luchador de El Paso ya tiene – como de costumbre – al público en sus fuertes manos de lucha. Lo que resta es el documental que retrata su vida, que nos muestra los avatares de un luchador gay que busca su lugar en un contexto muy machista. En los minutos que dura la película veremos el gran esfuerzo del luchador apodado Exótico! por ganarse el reconocimiento a base de esfuerzo, perseverancia y un cuerpo que aguanta más de veinte cirugías por la entrega en los cuadriláteros del mundo. También pasarán momentos muy emotivos donde veremos al héroe de la lucha libre recordar a su madre, rememorar sus tiempos oscuros de adicción y sus mañanas de dolor corporal intenso. Un documental que es más bien un acompañamiento amistoso, de contención para un luchador de la vida que ya no parece poder soportar muchas peleas más y que, poco a poco, comienza a hacer el duelo por el final de su carrera profesional. Un buen documental que pone en cuestión los prejuicios de la cultura heteropatriarcal y que descubre un universo muy poco conocido por estas latitudes.

*Algún dato: la película Cassandro el exótico! se proyecta dentro de la sección Competencia Internacional. Fue realizada como si hubiese sido íntegramente filmada en súper 8, lo que le da una estética muy particular.

La libertad de los cuerpos

El documental Bixa travesti nos presenta a la cantante, performer y activista trans Linn Da Quebrada que, como bien dice, utiliza su cuerpo y su arte como arma nuclear en contra del machismo y la cultura heteropatriarcal. Con un seguimiento directo de la cámara, apelando al archivo de imágenes (en fotos y videos), sin voces en off con explicaciones redundantes, la artista y su núcleo de amistades van delineando una historia plena de exploración de los cuerpos y el deseo. Dice Linn, en una charla de cocina con su madre y dos amigas, que “existen dos tipos de personas en el mundo las que me desean y las que todavía no me conocieron”. Por estos y otros pasajes resulta muy interesante escuchar y atender las letras de las canciones de la artista paulista, sus reflexiones sobre el cuerpo y la cuestión del género que cuestiona todo el tiempo, dando por tierra con las convenciones y los lugares comunes, siempre escapando a los rótulos y trastornos que la sociedad machista quiere imponer. Muy por el contrario, su búsqueda le permite posicionarse en un lugar de lucha, donde contraatacar a la cultura del patriarcado.

Por las dudas, para aquellas mentes y corazones más cerrados, Linn Da Quebrada se tatúa en la frente el pronombre que la identifica: “Ella”, aclarándole al mundo que es una marica – bixa – travesti…

…que ama como una marica travesti

…que siente como una marica travesti

…que canta como una marica travesti

…que escribe como una marica travesti

…que coge como una marica travesti

…y deja sellado su ideal al que dedica su arte: los cuerpos no tienen género, el deseo no conoce de límites, el sexo es libertad.

Una de las proyecciones más aplaudidas que me tocó ver, con varios tramos festejados durante el desarrollo de la película.

*Para destacar: 1-el gran momento pornodramático que sucede cuneado Linn es internada para tratarse el cáncer que la afectó en un momento clave de su vida, cuando más consciente fue de su cuerpo. 2-la escena plena de amor en la ducha con su madre. 3-su música es el funk brasilero o de favela, un género que combina la música electrónica, el hip hop y el rapeo que – como todo estilo musical – puede ser utilizado para la denuncia y el activismo o para sacudir la cola y vender discos. 4-la película está proyectándose en la Competencia Latinoamericana.

 

El nadador

Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.

Soy el hombre que quiere ser aguada

para beber tus lluvias

con la piel de su pecho.

Soy el nadador, Señor, bota sin pierna bajo el cielo

para tus lluvias mansas,

para tus fuertes lluvias,

para todas tus aguas.

Las aguas como lonjas de una piel infinita,

las aguas libres y la de los lagos,

que no son más que cielos arrastrados

por tus caídos ángeles.

Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.

Tuyo es mi cuerpo, que hasta en las más bajas

aguas de los arroyos

se sostiene vibrante,

como en medio del aire.

Mi cuerpo que se hunde

en transparentes ríos

y va soltando en ellos

su aliento, lentamente,

dándoselo a aspirar

a la corriente.

Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada

hasta las lluvias

de su infancia,

que a las tardes crecían

entre sus piernas salpicadas

como alto y limpio pajonal que aislaba

las casonas

y desde sus paredes

celestes se ensanchaba.

Soy el nadador, Señor, el hombre que nada

por la memoria de las aguas

hasta donde su pecho

recuerda las pisadas,

como marcas de luz, de tus sandalias.

Y recuerda los días cuando el cielo

rodaba hasta los ríos como un viento

y hacía el agua tan azul que el hombre

entraba en ella y respiraba.

Soy el hombre que nada hasta los cielos

con sus largas miradas.

Soy el nadador, Señor, sólo el hombre que nada.

Gracias doy a tus aguas porque en ellas

mis brazos todavía

hacen ruido de alas.

Héctor Viel Temperley

Antes que decir cualquier cosa, mejor dejar el poema entero del inmenso escritor que fue Viel, que aparece recitado en una de las escenas de la película de Fernando Spiner, La boya. ¿Y por qué? Creo que es la mejor manera de resumir de qué se trata, una historia que combina la amistad entre dos amigos – consagrada con ritual histórico que cumplen todos los años, nadar mar adentro hasta la boya -, la vida en Villa Gesell a orillas del mar, la poesía, el arte, la familia y el cine. Una suerte de resumen de la vida del propio Spiner, quien a partir del reencuentro con su amigo de la infancia – el poeta y periodista Aníbal Zaldívar – reconstruye la figura poética de su padre y la influencia del mar en sus vidas y en la del resto de artistas que decidieron desarrollarse en Villa Gesell. Entre los entrevistados aparecen los escritores Guillermo Saccomanno y Juan Forn, radicados en la ciudad costera hace años. Pero también es una película sobre les que vigilan el mar, les gurdavidas, les nadadores que se sumergen, la mayoría de las veces en soledad, con brazadas constantes y poderosas que siguen el ritmo de los versos del poema de Viel Temperley. Y la cámara te invita a sumergir la cabeza y el corazón en ese infinito cúmulo de agua salitrosa y bamboleante, mientras de fondo una música te acaricia y los versos de algún poeta te ayudan a mantenerte a flote, siempre atento, buscando el símbolo final que reúne las partes, que es esa boya.

Una bellísima obra de Fernando Spiner, que pudo realizar en su comunidad, con su familia y sus amigos. Si quedaba alguna duda, el intercambio con el público al final de la proyección dejó en claro que todos los que estuvimos presentes compartimos las mismas – o similares mejor dicho – sensaciones.

*Dato: La película fue invitada pero fuera de competencia. En la sala estuvo presente el poeta Aníbal Zaldívar y la hija de Fernando Spiner, quien estuvo a cargo de la parte musical.

Seguir la huella con el corazón

La huella de Tara es la hermosa manera que Georgina Barreiro utiliza para acercarnos algunas historias de vida de una comunidad budista al oeste Sikkim, que desde hace poco tiempo pertenece a la India. La documentalista argentina y su equipo tomaron contacto con un muy pequeño y distante pueblo de India y decidieron registrar escenas de sus vidas, haciendo principal hincapié en el punto de vista de les niñes y les jóvenes. Elles son les que llevan la voz y el cuerpo del documental, son les que exponen en discusiones sus incertidumbres respecto a la actualidad política del pueblo, son les que transitan el cambio tecnológico y el modo en el que afecta sus vidas. También, son les portadores de las tradiciones religiosas y culturales de una comunidad muy particular. Además está todo ese paisaje que retrata tan bien el film y que invita a dejarse llevar por un rato y desconectarse del ruido de las grandes ciudades: planos a un cielo inmenso lleno de soles distantes y brillosos, unas montañas inmortales con puntas blancas, un gigantesco bosque donde les niñes corretean y ese lago ancestral que, a la distancia, semeja la huella de un dios gigante.

Una oportunidad para viajar a través del lenguaje cinematográfico, que en este caso es muy libre y desprejuiciado. Participa dentro de la sección Competencia Argentina y se repite hoy, a las 13:30hs, en la sala 1 de Los Gallegos.

*Algún dato: La directora habló de lo interesante y lindo que fue conectar con la gente del pueblo, sobre todo con la familia que permitió ser filmada en situaciones muy íntimas, que le dan una naturalidad preciosa al documental. Otra cuestión fue la forma en que les niñes se relacionan con la muerte, tan poco traumática como cotidiana. La película está íntegramente hablada en nepalí.