Dame algo de verdad

 ¿Qué las chances de una debacle nuclear aumentaron considerablemente en las últimas semanas? ¿Qué clase de novedad desfasada es esa? ¿Que hay un nuevo zar enquistado en el poder judicial en Argentina? ¿Eso no había pasado antes, tipo los noventa con la corte menemista? ¿Que los precios en el chino se van cada vez más cerca de Pekín que de la rotonda del Gaucho? ¿Dónde estaría la novedad de la inflación, que viene golpeando los bolsillos del populus desde el Imperio Romano hasta el Imperio Monterrubio MGP? No veo nada nuevo bajo el sol, como no veo nada nuevo en lo que llevo escribiendo desde hace no sé cuánto tiempo, porque como que las horas se licuan más en los días engañosos de otoño, y la realidad se vuelve una especie de flan pasado, que ya habría que ir tirando, pero que mejor le ponemos un cucharón de dulce de leche arriba y lo comemos así nomás, que pase y que haga el efecto que tenga que hacer. Si total, ¿qué importa, no? Llegado a la esquina de siempre, de todas las semanas que dan vuelta, se marean y vuelven a chocarse en el mismo poste que marca Francia y Garay. Ahí uno se sienta y las cosas se empiezan a acomodar, salvo que alguien más llegue y empiecen los relatos llenos de hipérbole, las sobreactuaciones y las mentiras más desopilantes. Y hoy brindo y quiero agradecer a toda esa gente que se la pasa fantaseando y exagerando la realidad, que cuenta cosas que en verdad no fueron tan así, y que inventan a pesar de que los hechos les muestran que se equivocan. Brindo por todas las mentiras dichas para contestar preguntas que son una real cagada, y que nada más reflejan lo peor de un pasado que sería mejor ir desterrando. Brindo con la de litro, esta vez una cerveza negra, con sabor bastante latoso, pero que fría zafa. Y digo que brindo para olvidar un poco las cosas que no dejo de recordar, y porque un poco brindar es mandar a la mierda la realidad y todas sus mentiras. Después las horas van a seguir marchando y yo me voy a ir quedando en cero, para desde ese incómodo lugar, ir buscando alguna que otra verdad… Ahí quiero llegar, al reino mortal de la verdad, primera y más reconfortante de todas las verdades: sí, nadie sale vivo de esta historia. Alto espoiler. Ni vos que estás leyendo hasta acá: ni yo que sigo escribiendo desde ahí: vamos a sobrevivir a estas horas. Las que sean. A lo mejor, nos morimos el mismo día, pero en distinto horario. Me pienso muerto un lunes a las siete de la tarde, en verano. No sé por qué, para joder. Otra verdad absoluta, la mayoría vinimos a este pedazo de tierra balnearia a joderle la vida a alguien más. Verdad absoluta. Me gustaría pensar que esta semana le estoy haciendo la vida un poquitito menos linda al presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, AKA presidente del Concejo de la Magistratura, AKA Horacio Rosatti, AKA nuevo Marshall del condado. Y mis más sinceros respetos, porque cuando sea grande quiero votar por mí para nombrarme como presidente, y ganar la elección 1 a 0. Todo es posible si uno es positivo y encara la vida iluminado por la linterna de la verdad total. O, mejor dicho, lo posible queda supeditado a hacerse amigo del juez, tener palo donde rascarse, y que los demás saquen del medio. Todas frases súper grabadas en el corazón y las cabezas de todxs lxs argentinxs, que entendemos como nadie las avivadas, y que un poco las festejamos y nos generan simpatía. Sí, no lo escondan, díganse la verdad de vez en cuando. Perdón, la birra me pega y tendría que ir rajando porque la verdad verdadera es que esta esquina del orto, se pone súper oscura y es un peligro total a partir de las ocho de la noche. Nada en contra del barrio Rivadavia, calculo que pasa lo mismo en todos los barrios del mundo, hasta en los más chetos. Sobre todo en los más chetos, porque es verdad absoluta que donde más plata hay es donde más delitos suceden, por eso también entiendo lo del juez-Marshall, así lo criaron, supongo que un poco le gustaría quedarse con todo. Va por el camino indicado. Y otra verdad es que a veces el camino indicado no es el mejor, y que mejor sería que nos pongamos a cambiar las direcciones porque si seguimos por esta vía, el tren nos tira al carajo. Si es que queda algún tren circulando y no terminan de privatizarlos todos, vendiendo las pocas cosas que tenemos en pos de seguir detrás de una verdad relativamente pelotuda: vamos a ser todxs millonarios el día que San Mercado consiga su total liberación, y podamos salir a regalarnos ramilletes de dólares bendecidos por el papa que habita Wall Street. ¿Alguna verdad más que nos quede por decirnos? Cierto, mañana va a ser otro día, vamos a tener que levantar la cabecita y mirarnos a los ojos. Y espero que nos miremos bien y con cierta calidez de humanx, y también espero que podamos sanarnos y reconstruirnos y deconstruirnos y revolucionarnos, para poder inventarnos otros caminos im-posibles, pero que valga la pena imaginar. De verdad.

*Hasta entonces y hasta luego, te dejo con la música que disparó esta tarde de birra en el barrio:

Humildemente, quien dice yo, Juan, o la verdad que quieras*