El evangelio según Scardanelli

El constructor de artefactos puede producir muchos

(sin procurarse más cansancio que el del trabajo manual).

El objeto puede resultar, a veces, irónico:

el artefacto siempre lo es.

(Pier Paolo Pasolini)

 

Sos libre, hace años. Todos los crímenes ya fueron cometidos ¿Qué más querés? Podés hacer con el lenguaje lo que tengas ganas. En serio te digo. Empezá a cagarte encima de los libros y tirale de los pelos a cualquier autor / autora / autore que se te antoje. Eso, cumplí tus caprichos, ponete en el medio de la siguiente cita: “Dios está muerto y lo enterramos juntos”. Quedate un rato pensándolo, si lo necesitás. Te cuento un secreto: puedo permanecer varias horas flotando por acá………..o en esta parte del tex-to. ¿Habrá permiso para salir a pasear por estas líneas mediocres, de escritura, que condensan el pasado – el mío, obvio -, el presente – el nuestro, claro- y el futuro – del lenguaje, ni hablar –? Viste que a veces hace falta que alguien te diga qué hacer, para no volverte tan loco. Pero el problema es cuando no está esa barrera, que funciona de contención. Por lo general, te confieso, yo me las termino imponiendo, y decido creer en un más allá dominado por mis más enormes y gigantescos miedos. “Juan Scardanelli, no te pongas a escribir eso o aquello, es una real cagada que te condenará al peor de los círculos del infierno” ¿Pero qué tal si ya estamos en el peor de los círculos del infierno? ¿Qué tal si el mismo Dante se me ríe en la jeta y me dice, con esa nariz puntiaguda y aplastada contra el labio que tiene: “Che vos, dejá las aliteraciones de una vez por todas. Mejor dejá de escribir, no le hacés un favor a nadie”. Entonces no me queda otra que sentarme con Saturno a jugar al dominó, mientras nos comemos a todos nuestros hijos. Tal vez quede algún hueso en pie, para el perro, para los perros del continente. Porque hay mucha gente que se adapta al calor de las llamas infernales, que no experimenta culpa de una manera autodestructiva. Suerte para ellos, a lo mejor le sacaron la punta al lápiz, se dieron cuenta de cómo venía la mano. A mí me tocó nacer en un barrio donde unos boludos pusieron una capilla cristiana, tal vez para sentirse mejor. Entonces, jugaban a que ayudaban a los pobres pibes, que vaya a saber qué diablo había marginado de la Historia. Así, en su fábula, se convertían en algo parecido al “Salvador” que se habían inventado – bueno, en realidad se los había impuesto el relato religioso del pasado – y hasta probaban, por las noches, clavarse un par de clavos oxidados en las palmas de las manos. Y yo los admiraba, eran los fanáticos más encarnizados de una zaga literaria o de lo que hoy sería una serie de Netflix. Cuánta pasión por una historia, por una narración. Pero claro, uno de los conceptos más insistentes en esa historieta es la culpa. Ahí es donde me jodieron, así que yo también quedé atrapado en la peor red de la historia, inventada por personas que poco tienen que ver conmigo. Y el problema con la culpa es que termina facilitando la criminalidad. En su nombre podemos cometer cualquier tipo de asesinato, cualquier tipo de injusticia. ¡Podemos crear nuestra propia justicia y metérsela por la boca al prójimo! Cuántas verdades refaccionamos día a día y las mandamos por buzón, por mail, por redes sociales y por el soporte que sea. El soporte siempre al servicio de la historieta que se quiera dibujar. Pero la Historia no se agota ahí, ni la tuya ni la mía. Hay un montón de otras Instituciones que te terminan dando ese derecho al crimen. Tenés que seguir un par de reglas, pero una vez adaptado, ya estás listo para siempre. En el medio vas a ir perdiendo cosas, obvio, nada te puede salir gratuito en este Sistema. Seguís, avanzás, tenés la idea implantada en tu cuerpo: hay que avanzar hacia…Si llegaste a este punto, sos un buen soldado, servís como el mejor a una causa que no entendés, que no inventaste, que ni siquiera querés demasiado, pero es tu consuelo. Desde ahí construís tu coraza, podés justificar tus más inconfesables ruindades. Porque peor es lo otro, siempre. ¿Cómo es eso de que somos libres hace años?. Sí. Te lo actualizo, para que te quede más clarito: sos libre, idiota. ¿Ahora te diste cuenta? Mirá hasta qué punto de la Historia tenemos que llegar para que te sacuda entre un par de oraciones. Tampoco me tenés que creer. Vos sabés mejor que nadie que no hay poder más terrible que el autoconvencimiento. Por ahí, en este punto, me decidís abandonar y está perfecto. Yo no te quiero educar, no quiero ser uno de esos que juegan con tu lectura. Hacé la que quieras, mirate en el infierno que te de la gana, hacé lo que puedas con esa culpa que te metieron tan profundo. O cagate en todo, esa filosofía es de las más llevaderas. Igual, para que lo tengas en cuenta, te lo repito: todos los crímenes ya fueron cometidos. No quedó en pie ni un investigador. Se rindieron ante el primer indicio, y ahora hacen largas filas pidiendo una bolsa de alimentos para pasar el invierno, la cuarentena. Linda manera de vivir, tramando el próximo crimen impune. ¿Qué se te ocurre? ¿Un par de oraciones mal ezxritas? Acá alguien botoneó, estoy seguro, alguien señaló mi error: “La palabra palabra no lleva tilde orto-gráfica, está acentuada, que es distinto” Y ñoñeses de ese tipo. Los guardianes del estilo que nadie quiere, pero que todos defienden. Repito: sos libre. Pasa que ya lo escribí tantas veces, que perdió un poco el sentido, ¿no?…¿Te crees piola por violar la cuarentena? ¿Eso entendiste por libertad? Idiota, saberse idiota es ser un poco libre. Más allá, reconocete como el primer ignorante, el primate, prignorante. Más allá del fuego y la rueda, por debajo de los platillos voladores de la NASA y por encima de las declaraciones de Leevon Kennedy. No hay temas importantes a menos que los disfrace con un registro adecuado. Hay registros y frases quietas, que se repiten hasta quedar impregnadas en lo profundo de tu corazón. Y con eso planeás desentrañar el mundo y sus vicisitudes. Pobre, estás desierto. Desierta. Desierte. No me gustaría dejarte así, en este punto. No quisiera ayudarte a que te autoayudes, porque todo eso es un invento – más reciente – de tu “Salvador”. Basta, no pienso venderte una receta para que aprendas a ser feliz, o para que aprendas qué carajos decimos cuando decimos “feliz”. Tampoco te quiero escribir en un libro, para hacer guita utilizándote como una de esas ratas de laboratorio que, por estos días, están mutilando en los laboratorios de todo el mundo, en busca de una vacuna para curar lo que nunca va a volver a ser sano. Perdón, te decía, el concepto de felicidad es tan…tan…¿boludo? Para empezar, es una palabra que suena muy mal. Cuando la pronuncio, te lo juro por tu “Salvador”, me siento un idiota. Vos y yo somos lo mismo, pero vivimos en diferentes paredes. Para seguir no tengo ganas, justamente, de seguir un concepto, para eso están les especialistas que te van a explicar desde infinidad de puntos de vista lo que este conjunto de letritas puede llegar a significar: f-e-l-i-c-i-d-a-d. ¿Te das cuenta? ¿No? Te dejo pensar un par de segundos…………………………………………………….¡Dale!………………………………………………………………………………………………………………………………………….¿Ya lo tenés?……………………………..¿No?………………………………………………………………………………………………..Bien hecho, después de todo esto, algo aprendimos.

Los Evangelios mienten porque quieren predecir el futuro. Y eso es imposible, porque utilizan un registro del pasado…………………………………………Y que no te pase lo mismo…………………………Que no me engañen, a menos que yo quiera…

 

***El fragmento pertenece al libro Cuarto del Evangelio según Scardanelli, un profeta más del barrio Rivadavia. Y como acompañamiento musical insistimos con la temática, entonces va Yoko Takahashi con el tema de la serie Evangelion, justamente….

**Contacto sobrenatural: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

 

                   ——————-God’s in his heavenall’s right with the world————————–

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