Festival de Cine: días 3 ¼ y 4 ½, estar de vuelta

Promediando el Festival – sumando largas horas de cine, formando colas que no terminan nunca y buscando el asiento pegado al pasillo para poder escapar rápido hacia otra sala – me quedé dormido por primera vez. No pienso confesar en qué película me pasó, baste con aclarar que la culpa total la tiene mi falta de lentes. A esta altura de la vida, creo, que llegó la hora de empezar a utilizar anteojos para el descanso. Otro achaque propio de la edad y las horas de Festival: me están empezando a doler el culo y parte de la espalda, que se suman a las contracturas habituales de cuello y hombro, un regalito surfero. Agradezco a la amable mujer sentada al lado, quien me despertó para que no me perdiera el final de la película. “Despreocupate, a mí también me pasa”, fueron las palabras de consuelo de la sensacional mujer que, a la salida del Auditorium, me acompañó hasta la plaza del pueblo marplatense / batanense, para marchar contra el golpe de Estado en Bolivia. Ahí se despertó todo mi cuerpo y mi corazón especialmente, junto a mis amigues de siempre, con les que nos empecinamos en pedir memoria, verdad y justicia cada vez que el país o el continente están en jaque, cada vez que nuestros derechos como humanes quieren ser negados, borrados y olvidados. Y como la lucha continuará y el Festival de Cine también, bueno, me terminé yendo a descansar un poco. Repuesto, escribo sobre un par de películas interesantes:

Las tomo en conjunto porque me vino en gana. Además, porque hay cuestiones en común: 1)La importancia del espacio / lugar y 2)la importancia suprema del protagoniste. En las dos películas el disparador es el mismo, una persona adulta, de mediana edad, en soledad y con el peso angustiante del pasado reciente, comienza a recorrer una espiral descendiente en la vida, que termina en una reclusión casi total hacia el pasado remoto, el de la seguridad materna, seguridad que ya no opera igual. Hablaba del espacio que, aunque distinto en los dos casos, refiere a lo mismo: en O que arde de Oliver Laxe, es la casa materna y sobre todo el pueblo de Galicia a la que retorna, frustrado, el protagonista. De forma similar, en Angélica de Delfina Castagnino, la casa de la madre es el espacio ya vacío y en vías de destrucción lo que contextualiza la crisis de la protagonista, que sufre un vacío existencial que se agravará a lo largo del film. Todo esto se refleja en lo que la cámara toma, las grandiosas escenas de las colinas y bosques de un pueblo alejado del mundo en Galicia son el escenario ideal para describir al protagonista de la peli española. En Angélica, la cámara se mete de lleno en la casa materna, que está siendo demolida, lo que lleva a la hija menor a resistir hasta el extremo de quedar alojada en el altillo, con una escopeta en la mano, completamente alienada.

La crisis existencial de dos personas que se encuentran a mitad del camino de la vida, y que no saben / no pueden / no quieren superar sus traumas para tratar de evolucionar hacia adelante. ¿Evolucionar hacia adelante? Horrible e irreal concepto. Mejor digamos que, en los dos casos, se llevan al extremo sensaciones que todes tuvimos en la vida, al menos alguna vez: 1) El regreso al pueblo, a la casa materna, con la humillación a cuestas por no haber conseguido vaya a saber qué cosa en la gran ciudad, cuna máxima del deber ser. 2) El vacío de vida y existencia que produce la pérdida de un ser querido, al que se le dedicó todo el tiempo los últimos años de su vida. En las dos películas, también, el vacío de amor, la falta de cariño, la imposibilidad para volver a amar.

Una diferencia a señalar: lo que en el protagonista de O que arde es calma y angustiante resignación, en Angélica resulta desborde emotivo radical, violencia y desdoble de personalidad. Sin embargo, la enfermedad inevitable es la misma, la angustia, la soledad. Dos películas para destacar y recomendar, con la advertencia de que, claro, las vas a disfrutar, digamos, en otro sentido.

***En limpio, recomendamos:

1) O que arde, película en Competencia Internacional, española.

2) Angélica, película en competencia Argentina.

Y la lucha continuará…

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