Historias mínimas de Festival: día 1

– Il Traditore

Comenzó la edición número 34 del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata / Batán, cosa que a esta altura no es ninguna novedad. Como todos los años, en los primeros días de noviembre, resulta un acontecimiento al que la ciudad se acostumbró. Pero cada festival tiene su especificidad, su diferencia. Esta vez, la nueva edición está profundamente marcada por la ausencia de José Martínez Suárez, quien dirigió el Festival durante los últimos diez años. En su memoria, por sus películas y su aporte fundamental para que el Festival de Cine resistiera de la mejor forma en la ciudad, está dedicada la edición 34. Haciendo la cola para ingresar a mi primera película del día, en el Ambassador, pensaba en eso. Y sobre todo en lo bueno y lo negativo que se le puede endilgar al eterno director, al “hombre hecho de cine”. Con sus puntos altos y sus sombras, el Festival cumple un ciclo que finaliza con el fallecimiento de Martínez Suárez. A partir de acá, las autoridades que continúan con la organización deberán estar a la altura y enfrentar los nuevos desafíos. Y lo más importante, tendrán que plantearse cuál es el alcance del Festival: ¿Es, acaso, una isla dentro del mapa cultural / artístico de la ciudad? ¿Se trata solo del ofrecimiento de un lindo entretenimiento? ¿Hasta qué punto la ciudadanía se siente parte y le resulta un acontecimiento trascendente en su vida cultural? ¿El Festival, se conecta dentro de una política cultural integral, constitutiva de la ciudad? ¿Tiene que ver con un desarrollo del cine en todas sus dimensiones dentro de la ciudad, o solo resulta un pasatiempo distintivo de clase? ¿Se trata solo de una propaganda turística? Preguntas, disparadores de lo que puede ser, debe ser y es el Festival de Cine de Mar del Plata / Batán.

En eso estaba mientras me acomodaba en la extrañísima y larga fila que subía y bajaba por las escaleras opuestas, conduciendo a les espectadores hasta la sala 1 del Ambassador -ver foto-. Todes dispuestes a echarle una mirada a la última película del siempre polémico e interesante director italiano Marco Bellocchio (creador, entre otros films imperdibles, de Vincere y Buongiorno, notte). El traidor recrea en clave ficcional la historia real de las familias que integraban la “Cosa Nostra”. Más específicamente, los avatares del arrepentido – traidor- Tomasso Buscetta, el mafioso “con códigos” que, cuando ve que el negocio de la droga hace perder los “valores tradicionales” al clan, decide romper con el código principal, el del silencio, y manda en cana a sus “amici”. Lo realmente genial de la película es el giro que toma, la mezcla de registros. Lo que comienza siendo un policial de mafias clásico, con traiciones, asesinatos y vendettas, de repente deviene en comedia italiana, montada en un marco inesperado: el tribunal. Esa es la clave del film de Bellocchio, ese contraste, esos mafiosos terribles que, cuando se sientan en el banquillo de la corte, montan una comedia grotesca, con personificaciones payasescas y un coro de fondo que acompaña en el mismo tono: periodistas, abogados, jueces, familiares y los propios imputados, que según la disposición del juzgado italiano deben presenciar todo el juicio entre rejas, ubicados al fondo como si estuvieran en una teatro de ópera. Insisto, gran acierto del director que, alguna vez, se había quejado del público que no “entendía las películas italianas”. El traidor tiene todos los elementos para entender ese cine, partiendo desde un género muy propio como el policial de mafias, combinado con los ingredientes de la comedia italiana más clásica, con los gestos desmedidos, los cuernos al aire y las tretas de los pícaros, especialistas en estafar con la palabra a propios y extraños. En el fondo, esa idea “maledetta” de que las familias pueden funcionar como estados paralelos, con sus propias reglas, y que el Estado es factible de quedar licuado por el peso de la mafia. Gran película para estrenar el festival y salir pensando que eso es lo más estimulante del Festival: descubrir y poder compartir historias, para reconocernos como sociedades diversas, que debemos convivir con las contradicciones y virtudes que nos conforman.

**Repite: martes 12 de noviembre, a las 15hs en el Ambassador 1.

 

– Touki Bouki

Las retrospectivas ponen en pantalla lo mejor de grandes realizadores del mundo, que siempre es necesario revisitar. En el caso del senegalés Djibril Diop Mambéty, resulta un redescubrimiento que reaviva debates y reactualiza conceptos que nunca se fueron y conviven hoy en nuestras sociedades. Desde el inicio de su película Touki Bouki, realizada en 1973, queda claro que el concepto neocolonialismo es la clave. La historia es la de dos jóvenes que sobreviven en un barrio marginal de Dakar – capital senegalesa- y que buscan escaparle a esa realidad huyendo hacia París, la capital del país colonizador, fuente de sus deseos implantados por la segunda etapa de conquista. Pero la historia no es lineal y tampoco se apega al desarrollo convencional del argumento. Por el contrario, plantea un juego poético, con escenas que funcionan como metáforas, comparaciones desgarradoras y violentas, sinécdoques y elipsis / vacíos que tienen una potencia que no necesita de aclaraciones. Todo lo que hace a Djibril Diop Mambéty un realizador cinematográfico único y fundamental para entender la mirada del cine africano de los setenta, signada por el neocolonialismo, la pobreza, la desigualdad social, la discriminación y la violencia clasista. Todas cuestiones que, paralelamente, también trataba el cine latinoamericano de fines de los sesenta y principios de los setenta – no es casual que Mambéty utilice escenas de un matadero para establecer un paralelismo entre la muerte del ganado y la sociedad senegalesa, al igual que Pino Solanas lo hace en La hora de los hornos

Touki Bouki es una película no convencional, poética, que no ofrece salidas fáciles y conformistas, sino que plantea cuestiones y muestra una cara incómoda de la sociedad. Y eso es lo que hace a un gran realizador, una obra que siempre se actualiza porque sigue abriendo cuestiones constitutivas de los pueblos, que modifica y perturba la mirada de quien está dispueste a ver.

*La película fue restaurada en el 2008 por la fundación que preside el director yanqui Martin Scorsese, The film fundation, que se dedica a la preservación de material fílmico en deterioro.

**Para verla otra vez: el jueves 14 de noviembre, a las 10am, cine Ambassador 3.

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