Mindhunter

– Ahora que te tenemos acá, no te va a quedar otra que confesar… ¿No decís nada? Bueno, no te hagás drama, tenemos toda la noche para ponernos al día. Por suerte a mí me pagan por tomar un café y sacarte una declaración más o menos. De acá me voy a dormir tranquilo y el domingo me clavo un asado con un tinto y con lo que se me cante el culo. ¿Cantar? Eso, empezá a tirarnos algo, Juan… Estabas, pongamoslé de “casualidad” tomando una birra con un amigo, justo en frente de lo que “no sabías” era un quiosquito de droga, falopa, merca o como mierda le digan en tu barrio del orto. ¿Es así? Bien, al menos eso lo admitís. Ahora, lo que yo no creo es que vos y tu amigo sean tan giles. En esa me estás fallando, flaco. Si hay algo que este laburo del orto te enseña es que las casualidades no existen. ¡Ojo! Por ahí alguna que otra se nos escapa, puede ser que más de una noche habremos cagado a algún perejil que no tenía nada que ver con nada. Pero, creéme, son las menos. Por lo general, donde ponemos el ojo…bien, no completo la frase porque por ahí me acusás de gatillo fácil y esa mierda. ¡Mierda! Eso es lo que sos… Así que, dame una manito acá, estaban vos y el otro pajero chupando como todas las noches viendo cómo se fraccionaba y se vendía droga en la casilla de en frente…¿Que no? ¿Que no? Me parece que te vas a quedar a vivir acá, y ya estás grande che. No sos más ese pendejo de mierda que se iba a pescar al arroyo inmundo ese. Ni pescados había, renacuajos y gracias.  Y vos y los otros pelotudos los metían en frascos y se los llevaban a sus casas, que es un decir, porque eran más bien casillas de cartón. En fin, al menos ahí sí que eran bastante inocentones. Pero después pasó el tiempo y…acá estamos. Yo te veo donde estaba seguro que ibas a caer, ni más ni menos… ¿Así que decís que es culpa mía? Yo no tengo nada que ver con eso, vos te quedaste en ese barrio del orto y te juntaste con esos restos de la sociedad y te pusiste a vender mierda para los tranzas…¡Cuidado con lo que decís!, pelotudito, porque de acá salís con las patas para delante. Sabés que no se puede acusar sin pruebas, menos a un oficial amigo de esta casa. Más que amigo, dueño. ¿Qué te pensás que sos? Yo, si se me antoja ahora, te pego un corchazo en el bocho y te dejo tirado en el baldío de la vuelta de tu casa. Después, busco al perejil de tu amigo y lo hago responsable de tu crimen. Y terminamos todos bien, yo condecorado y felicitado por los pelotudos de la gobernación, tu amigo guardado – y le haría un favor porque por lo menos ahí comería algo, a veces, cuando las ratas lo dejaran – y vos descansando en Peralta Ramos al fondo. Más tranquilo para todos, flaco…Poniendo esa carita tampoco ayudás, mirá que estoy cansado y no tuve una buena semana. No me hagas que me saque las frustraciones con vos. Entonces, ustedes tomaban la birra, otros pelotudos cortaban la merca y después salían a repartirla… ¿No? Bien, voy a tomar ese gesto de pelotudo como una afirmación. Lo que yo quiero saber, y hablo en nombre de la ley y el orden, es para dónde la iban a llevar. No te hagás problema, yo te espero. Sé que ahora estarás pensando que lo último que harías es delatar a los otros boludos. Y sé también que si los llegás a delatar se me cumple el deseo y sin mancharme las manos, te boletean porque sos el perejil que los botoneó. Ahora bien, sería mi momento para ofrecerte una salida. A las cucarachas como vos hay que ofrecerles una vía de escape, eso lo aprendemos los primeros días de laburo. Está en su ADN, es algo comprobado científicamente. Entonces, como yo soy un gran agente de la ley y el orden, procedo. Lo que vamos a hacer es lo siguiente. Primero, vos me vas a decir a dónde iba esa entrega de la noche. Después, yo levanto un tubo y te acomodo en una comisaría tranquila, lejos de donde te irían a buscar. Te comerás un par de días, porque se viene el fin de semana, pero eso no es nada comparado a lo que te pasaría si te dejamos libre tan pronto. Cuando ya esté todo más tranquilo, te sacamos y te monitoreamos un tiempito. Yo conozco la zona como nadie y tengo un par de boludos que me deben favores…Sí, favores. Acá nadie mea agua bendita, Juan, nadie. Y por eso resulta tan fácil someter a las cucarachas como vos. Todos, en mayor o menor medida, tenemos el culo sucio… ¿Querés que sea “inclusivo” para parecer menos forro? Bueno, “todes” tenemos el culo sucio…Me hacés reír y no tengo ganas. ¡Dejá de mirarme con esa cara de pajero y empezá a decir algo! No me hagás perder la paciencia, porque hoy no la tengo…En realidad hace mucho que la perdí, por pelotudos como vos, que se creen inocentes. Déjense de joder, inocentes las pelotas. Ustedes son cucarachas, y las cucarachas tienen que pagar, porque es la teoría de la evolución. No les tocó ser animales más influyentes, mala suerte. Tal vez no quisiste comer tanta mierda como yo. Mal por vos, yo te lo dije en su momento. Y vos y tus ideales de mierda que te sirven para un carajo, porque yo sabía, al final del camino te iba a terminar sepultando yo. ¿Quién te creés que tiene poder hoy en la ciudad? Los hijos de puta como yo. ¿Y por qué? Porque fabricamos cucarachas como vos. Vos me das de comer y yo le doy lo que me pide al poder judicial, y el poder judicial al legislativo y el legislativo al ejecutivo y todos a los medios de comunicación y los medios a los empresarios y todos con todos, ida y vuelta, como una orgía que vos mirás y siempre vas a mirar de afuera. Y si te lo ponés a pensar un segundo, sos el que sostiene todo el puto y retorcido Sistema. Para colmo, servís tanto vivo como muerto…Y ni por un segundo pienses que las cosas van a cambiar para vos, que alguien te va a escuchar y van a llevar tu historia al programa de Susana Gimenez y después al de Tinelli para terminar en una serie pedorra en Netflix. Por ahí todavía te ilusionás con que Nicolás Cabré te va a interpretar y que al lado te van a poner una pendeja que raja la tierra. No. Eso no pasa acá, ni va a pasar. La única salida, cucaracha inmunda, es que hables y me digas lo que quiero que me digas, y me firmes la declaración. Ese es tu único final feliz… Y si todavía no estás convencido, bueno, sé perfectamente dónde vivís. Conozco a tu familia, a tus amigos, a tu perro y toda la mierda que te rodea. Mañana los traigo a ellos, uno por uno, los guardo un tiempo… ¿A quién carajos le va a importar? Si son todas cucarachas, nadie va a notar que faltan… ¡Ahora sí!, veo esa llamita en tus pupilas que me encanta. Sé que me estás odiando con muchas ganas, que me matarías sin pensarlo si tuvieses media oportunidad…Bien, eso me alimenta, te alimenta… Con esa bronca y en un tono muy respetuoso empezá a decir lo que quiero que digas, me firmás la declaración y terminamos la escena… ¿Viste, ni siquiera necesitamos al policía bueno? Boludeces de Hollywood…

*****Humildemente Juan Scardanelli. Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *