No future for you!

“Erdosain se sumerge de nuevo en sí mismo ¿Dónde estoy? ¿Dónde quisiera estar? ¿Soy yo que estoy así, o es el mundo, el dolor del mundo que por un prodigio maravilloso me ha sido dado escuchar a toda hora? ¿Y si realmente el mundo estuviera quejándose y sufriendo a toda hora? ¿Si fuera verdad la posibilidad de escuchar el dolor del mundo?”

Los siete locos / los lanzallamas (Roberto Arlt)

 

Semana de frío polar en el barrio Rivadavia, imaginando desde la puerta corrediza del chino, que las cosas van a estar un poco menos caras de lo esperado. Soñando con la pesadilla de un verano de cuarenta grados en la olorosa capital de Francia. Avisorando otros tiempos, futuros imposibles. Porque resulta que somos tan idiotas que nos especializamos en destruirnos a nosotres mismes. Lo vemos a diario con innumerable cantidad de muertes evitables. Esta semana, sin ir más lejos, comenzamos viendo cómo un rati le pegaba una patada a un borracho indefenso y lo dejaba muerto en la calle, a plena luz del día, captado todo por el ojo de la cámara omnipresente. La verdad que pasan las cosas como si nada. Y en Brasil, por la mañana, una turba festeja el asesinato de un tipo que quiso incendiar el puente que une Rio de Janeiro con Niteroi, cortesía de un francotirador del ejército. Mientras, por la tarde, comienza a enterarse de que unas miles de hectáreas del Amazonas arden y ponen en jaque la estabilidad ecológica del continente, porque el actual gobierno es bien neoliberal y le importa un carajo el medio ambiente, se caga en el calentamiento global. Mientras, todes, lo observamos con lujo de detalles. Pero como tampoco alcanza con las imágenes, necesitamos que aparezcan diferentes especialistas para explicarnos lo que ya deberíamos saber: no tenemos otro planeta donde vivir. Peor que eso, nuestros hijes, sobrines, nietes no tendrán otro planeta donde sobrevivir. Pero nos voy a tener piedad, todavía estamos en caída libre, la ciudad y el país se van a la mierda y tenemos que pasar este sacudón que se va a llevar lo que queda del año. Entonces, el 31 de diciembre a las 23:59, veremos qué nos quedó…

Tal vez haya imágenes familiares agradables, alguna buena bebida y un plato interesante con comida que solo se ve ese particular día en todo el año. La tele reflejará un compilado con los rostros implacables de Xi Jinping y Donald Trump. Seguramente nos castigue con los últimos furcios de Macri y su equipazo, el que nos dejó en medio de la debacle. A lo mejor, entre medio de tantas imágenes, se colará el incendio terrible en el Amazonas, justo antes del apartado final dedicado a los goles de cualquier equipo de fútbol campeón de una copa x. Por ahí, para las doce quede algo…

“Don’t be told what you want
Don’t be told what you need
There’s no future
No future
No future for you”       (por los Sex Pistols, de su tema God save the queen)

Algunas voces insisten en que habrá un futuro, nunca muy auspicioso, pero que algo quedará. Por ejemplo, el barrio Rivadavia se jacta de tener a un ingeniero que es medio pariente del Astrólogo de los siete locos. Este inesperado amigo vive elaborando teorías sobre el futuro y sobre cómo habría que abordarlo para subsistir. Entre otras cosas me dijo, el martes pasado:

– Te voy a decir la verdad. No porque me la hayas pedido, sino porque ya no la puedo contener más. En poco tiempo ya no va a haber más trabajo para nadie…Para nadie…Ni acá en el barrio, ni en el resto de la ciudad, ni en el país y, mucho menos en el mundo. Si queda algún vestigio del Estado de bienestar, pues será una especie de salario único universal que se le pagará a cada habitante del planeta para que pueda subsistir, sin hacer nada. Sí, Juan, como escuchás, en poco tiempo no va  a haber trabajo para nadie, todo lo van a realizar un par de computadoras madre y algunos ingenieros para su mantenimiento. Eso en un principio, después las propias máquinas harán la totalidad del trabajo, serán completamente autosuficientes sin necesidad de intervención humana. Preparate, yo no sé qué puede pasar.

Imaginaba ese futuro distópico, mientras hacía las cuentas con la calculadora del celular, cosa de no pasarme del devaluado presupuesto disponible en la billetera y poner lo suficiente en la canasta del chino, para sobrevivir una semana más. ¡Una semana más! ¿Será ese el problema, no poder proyectarse en el tiempo más allá de unos cuántos días? En la genial serie de animé japonesa Ergo Proxy el futuro es una real cagada. Los humanes conviven con androides, en una jungla de cemento con tecnología apuntada al consumo sin sentido. A pocos kilómetros de ese centro, hay una salida hacia el desierto, que es un gran riachuelo lleno de basura, el descarte del consumo. Allí, conviven los llamados “inmigrantes” que fueron expulsados por algún delito o simplemente porque no hay lugar para todes. Los grandes consejeros, tótems del pensamiento, diseñadores de un mundo injusto y excluyente son nada menos que unas estatuas parlantes: las de Lacan, Derrida, Berkeley, Kristeva, Deleuze, Guattari y Husserl. Les filósofes, pensadores del post estructuralismo, del posthumanismo, los teóricos del universo distópico creado por Murase Shuko. Sin duda, el problema parece estar en que miramos demasiado a occidente y sus lecturas, solo por eso tal vez podamos entender que lo que acontece en el Amazonas no tenga tantos ciudadanes indignades en el planeta.

En algún momento se terminó el castigo de elegir entre productos de distintas marcas y me fui directo a la caja para que no me alcance una nueva remarcación de precios, porque estaba todo muy justo y calculado al cien por ciento. En una tele de fondo, el nuevo Ministro de economía informaba que su plan estratégico era no tener plan estratégico, o sea hacer la plancha hasta que se tuviera que retirar de sus funciones, tratar de que los mercados – así se empeñan en llamar a un grupo de buitres capaces de sembrar el caos con un par de “clicks” desde sus laptops – estén tranquilos y que el dólar se mantenga “estable”. De medidas nada y de dirigirse a la gente de carne y hueso por la que está ahí, ni hablar. Como un androide más, programado para anticipar el desenlace distópico del mundo, que tan bien suelen retratar las series japonesas de animé. En los noventa fue Evangelion, en los dos mil Ergo Proxy y mañana el barrio Rivadavia.

Al fin salgo del super chino, de cara al sol, aunque es impresionante el frío que está haciendo. Si uno se esfuerza se pueden oler las cenizas a la distancia, el humo en el horizonte deja una huella tenue, pero lo suficientemente visible como para que empecemos a tomar conciencia. El futuro es con todes adentro, en este planeta.  O no es.

*Alargamiento: Voces. Una buena. El otro día nadando me encontré con un compañere que me dijo que había estado leyendo no sé qué libro de historia, que en un capítulo hablaba de los heridos en la segunda guerra mundial y cómo la invención del hidromasaje ayudó a la recuperación de cuerpos que habían quedado rígidos por la guerra. Fijate vos, me dijo, que algo que nosotros ahora utilizamos como un placer de ricos, en verdad nació como una terapia de rehabilitación para cuerpos lastimados por las inclemencias de la sangrienta batalla. No sé si será verdad, tampoco necesito chequear cada cosa que me dicen en Google, no quiero ser un androide. Me encanta esa historia, me da esperanzas esa historia, porque quiere decir que aunque seamos especialistas en cagarla podemos también solucionar los problemas y ser amables entre nosotres. Nada más por hoy, dejo el ending de la serie que recomiendo enfáticamente: Ergo Proxy. El tema es Paranoid Android, claro que de Radiohead, de su obra cumbre OK computer:


—-Humildemente, Scardanelli. Desde el barrio Rivadavia, Mar del Plata / Batán. Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

 

 

 

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