Once upon a time in…barrio Rivadavia

“Folletín: novela que se acostumbraba publicar por partes en un periódico, con sucesos y coincidencias muy dramáticos, sorprendentes e inverosímiles”

Pulp Fiction, Quentin Tarantino

 

Capítulo 1: Clarice

Clarise Lispector está sentada en un sillón de cuero marrón. Mira con cara de culo al entrevistador barbudo que le hace preguntas fuera de cámara. Ella no está para nada cómoda, el formato de la entrevista televisiva es una real mierda. El entrevistador tiene tono de juez y el decorado es horrible. Toma un cigarrillo, mientras escucha una de esas preguntas pelotudas del tipo “¿cuándo empezaste a escribir?”, se lo lleva a la boca, lo enciende y piensa, muy segura de sí misma, que no tendría que estar allí.

Capítulo 2: Tarde en el barrio

Un grupo de jóvenes adultos miran una película de Olmedo y Porcel. La pantalla les muestra la figura deformada de una suerte de imitación de ET, con la que Olmedo y Porcel pavean. El muñeco se llama Monguito, y es el verdadero protagonista de una de las películas más bizarras del cine nacional de los ochenta, Los Extraterrestres. Entre los que están viendo la tele, hay dos fanátiques de Los Pimpinela, que se emocionan en la escena donde los hermanos Joaquín y Lucía cantan uno de sus clásicos en el escenario improvisado de un hotel. La escena no tiene nada que ver con el argumento de la película, es la única vez que aparecerá la pareja incestuosa de cantantes. Es lo mejor de la película, además del momento en el que Monguito con sus poderes de Extra Terrestre hace funcionar el auto averiado del negro Olmedo: salen volando los tres, junto al gordo Porcel. En la mesa se discute cuál escena es la más copada. Difícil precisarlo, algunos se quedan con la ronda de chistes malos, que un jovencísimo Hugo Varela intenta ordenar. Otros prefieren la escena en la que pelean los “buenos” contra los “malos”, en el restaurante del hotel. Olmedo, Porcel y sus amigos (todos empleados del lugar) se enfrentan a los integrantes de una suerte de logia medo rusa / medio alemana que pretende secuestrar a Monguito con fines malignos. La pelea es despareja, los de la logia tienen especialistas fríos y entrenados para matar. Acá aparece nuestro ET para inclinar la balanza y, mediante un pase mágico de su dedo índice encendido como un habano, le da super fuerza al gordo Porcel y los suyos. La super fuerza se logra mediante el simple procedimiento de la cámara rápida, como si con eso solo bastara para convencer al público de que algo mágico sucede en la pantalla.

Capítulo 3: Sobre Tarantino

Ya sé por qué mierda me gustan tanto las películas de Tarantino. Es por todo eso que le critican: las escenas largas que parecen estar demás, los diálogos al pedo que no parecen tener nada que ver con la trama, los personajes de cartón que aparecen en una sola escena o dos y después se evaporan con la misma consistencia que el aire. Y ese actor en caída libre que interpreta Leonardo DiCaprio, que en el set de una serie de Cowboys – a la que fue invitado para hacer de un villano de ocasión – se desmorona sentimentalmente charlando con una actriz de ocho años, mientras le cuenta la historia de una novelita de vaqueros que está leyendo, la historia de un domador de caballos que pierde el motivo de su vida, por una lesión en su cadera. La semblanza lo hace reflexionar y el actor en desgracia se derrumba detrás de los bigotes de utilería que el director le obliga a usar – el tipo quiere unos bigotes bien machotes, a lo Pancho Villa -, rompe en llanto y la super confiada niña de ocho años lo consuela, haciendo su situación mucho más patética.

Capítulo 4: ET en el patio

Los amigues están llegando al final de la película. Monguito debe volver a su planeta. Olmedo y Porcel lo despiden. De pronto, un ruido se siente en el patio de la casa del barrio Rivadavia. Alguien comienza a gritar y todos los amigues salen a ver qué pasó. Es domingo a la noche y las cosas se sienten con más intensidad. La vecina luce asustada y les indica que vio a un tipo que se fue para el fondo, alguien se metió a su casa y salió por atrás. Ahora, seguro estaba en alguno de los patios de esa manzana. El esposo de la vecina, que tiene un impedimento para caminar con normalidad, sale con dificultad y avisa que ya llamó a la policía. Los amigues, más jóvenes y fuertes, van hacia el fondo del patio alumbrados por sus celulares. No tienen miedo, imaginan que el tipo ya no está ahí. Lo que intriga saber es por dónde se habrá escapado. Uno de ellos agarra un palo, imagina que está en una película, que el chorro sale del fondo del patio y él esquiva un golpe con gran destreza y lo derriba con un certero palazo a la cabeza. El cráneo del pobre tipo se hunde, los sesos y la masa encefálica salen volando por el aire. El perro de la vecina corre desesperado y se saca el hambre con los despojos del tipo. Nada de eso sucede en la realidad, por suerte.

Llega la policía, tarde. Los amigues no se enojan, saben que el tiempo de la policía siempre es ese. Lo que sospechan es que no va a haber captura. Menos, viendo las ganas con la que comienzan el rastrillaje los del patrullero. Están cansados, es tarde, es domingo. Además, al final no hubo ningún robo, nada le faltó a la vecina. ¿Por qué habrá entrado ese tipo entonces? ¿Por qué se habrá ido con las manos vacías? Los amigues se quedan pensando, fuera de la casa. La luna invernal alumbra artificialmente el fondo, que es todo el barrio.

Capítulo 5: Hasta que la muerte nos separa

Clarice Lispector, sin saber cómo, llega al final de la entrevista televisiva. Mira a la cámara en silencio cuando le preguntan por su próximo libro. No quiere decir nada. Solo está segura de que vive en el momento de la escritura. Cuando eso no pasa, se considera muerta. Lo siente tanto que lo expresa, por última vez, al público: Ella está muerta y habla desde la tumba.

Capítulo final: Érase una vez…

Un nerviosísimo Ministro de Economía debe hablar en conferencia para todo un país. Nadie lo va a sospechar, pero acaba de aspirar cocaína en el baño. Tal vez, eso alivie la tensión, se ilusiona. Tiene un discurso armado, en unas hojas que fueron escritas por otres. La debalce se desató en el Gobierno del que él forma parte y tiene que dar la cara por el Presidente. En verdad le debe unos cuantos favores, que se cuentan por millones de dólares…dólares, recuerda y se sonríe, justo el problemita del que debe discursear. Afuera, en el país, la ciudad y el barrio la gente de a pie se caga de hambre, se queda sin casa y sin laburo. Él tiene que convencer a esa gente que lo que sucede no es irreversible y no está taaaaaaan mal. Que tienen que aguantar un par de meses y las cosas, mágicamente, van a mejorar…Mágicamente. Tal vez por el efecto de la merca, se acuerda de algo que no debería estorbarlo en un momento tan crucial: se le vino la imagen de Monguito, el ET argentino, el de la película de Olmedo y Porcel. No puede evitar soltar una carcajada. La escena, la de la realidad, es grotesca. El ministro de economía se ríe desaforadamente en el inicio de la conferencia. Él toma los papeles del discurso, mira fijo a la cámara que tiene enfrente y dice, sin dejar de reírse, que ya nada tiene sentido, que él es solo un doble de riesgo de un actor en desgracia, en un país que se desmorona. Alguien de seguridad toma un arma y le dispara a la cabeza. El tiro es certero, la sangre del ministro se vierte como regadera. Otra persona se arroja sobre el de seguridad y le mete los dedos en los ojos, con toda su fuerza, hasta hundírselos completamente. El presidente, que está impactado por lo que ve, sale junto a su guardaespaldas rumbo al helicóptero blanco. Se suben y el artefacto volador sale a toda velocidad. Quien lo pilotea es Monguito que, al darse cuenta que el presidente no es Olmedo, lleva el helicóptero a toda velocidad directo a la Sociedad Rural. Una gran explosión sacude al país. En su casa del barrio Rivadavia, los amigues advierten un rastro de humo que empaña la luna llena, del domingo a la noche.

– ¡Che! Por qué no vamos al cine a ver la nueva de Tarantino.

-Digo yo:  no se me ocurre nada mejor, porque qué se puede hacer salvo ver películas.

 

*El tema de salida es el mejor de la última película de Tarantino, que re-contra recomiendo: Out Of time, The Rolling Stones…

 

*****Humildemente, Scardanelli, juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

 

 

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