Poesía no eres tú, y yo no soy yo

Y Wordsworth lleva aquí su teoría psicológica del origen de la poesía. Dice que la poesía nace de la emoción recordada en la tranquilidad”

J.L.Borges

Estaba pensando algunas cosas que, por ahí, en un par de años vuelva a leer, y que seguro voy a terminar diciendo – en ese futuro siempre distópico, donde Orwell y Atwood  van a estar a mano para cantar “esto que pasa estaba escrito por acá”- que estaban muy equivocadas. Porque es parte de mi personalidad. A lo mejor hoy estoy convencido de esta oración que escribo, pero mañana la leo y no puedo entender qué carajos me pasaba – del presente viajé al futuro y volví al pasado, en una oración: los tres tiempos – ¿Por qué escribiré lo que escribo y escribí? ¿Por qué elijo esas palabras y no las otras? ¿Por qué elijo palabras? ¿Por qué no puedo hacer como el genio de Little Richard, y salir de gira con Doc Hudson a vender una crema de serpiente, que no es crema y que no es de serpiente? Calculo que lo de salir a recorrer el país ahora es un poco difícil. No imposible, porque hay mucha gente que lo hace por necesidad, que es la manera que tenemos para ver las cosas desde otro punto de vista. Eso de vivir en un eterno estado de excepción. Pero existe mucha gente que habita en ese Estado de la normalidad o normalización o como quieran llamarle, que tiene un trabajo más o menos estable, que es reconocida por alguna Nación, que tiene ingresos mensuales más o menos regulares, que está bancarizada, que está registrada, que tiene documentos, etc. En esa dicotomía siempre me tocó pedalear, nunca poniendo los dos pies en ningún lado, siempre extranjero, en movimiento, autoexiliado eterno. Y escribir. Mañana, cuando relea esto, no voy a estar de acuerdo. Tiendo a buscar una definición de mi “poética” en ese movimiento inestable, pero la verdad es que no doy para tanto. Vuelvo al principio, entonces, y veo que las cosas están cambiando para cualquier parte. En este nuevo escenario sentimental, la escritura muta, sin dudas. Un efecto colateral del coronavirus y todo lo que vino con él. Pero ahora no lo puedo ver, no lo puedo describir con precisión. No me salen otras palabras, ya no tengo el orden de ayer.

La tentación es siempre la misma, la última. Eso de comparar lo sucedido en la realidad con un mal sueño, del que algún día uno se va a despertar. Pero eso no pasa, hasta Fredy Crueger – se escribe así, lo acabo de googlear, en mi infancia siempre pensé que era Cruguer – se cansó de estar esperando en su cama a que la pesadilla termine. Y ni siquiera es tan así. En todo caso, las pesadillas se actualizan cada tanto, lo que nuca se habita es el sueño deseado. Porque el deseo es siempre deseo, sin importar el lenguaje en el que se lo exprese. Puede ser la escritura, puede ser en los sueños, puede ser en la realidad del hoy / ahora. A veces pasa – o tal vez siempre – que se vive idealizando el pasado. Cada paso que uno da es peor que el que se dio unos segundos antes. Eso porque el presente se percibe tan fugaz, que no hay tiempo de clasificarlo. Y queda el pasado cada vez más perfecto a la distancia, como todo. Desde lejos no se ve, ¿verdad? O se ve distorsionado. Con el tiempo es igual. Cuanto más lejos, mejor fue. El futuro es otro cantar, es el territorio del deseo, de la proyección. No importa qué tan distópico y fatal se calcule lo que vendrá, siempre hay una pequeña rendija donde se filtra el deseo. El problema es cuando el deseo no es lo esperado, cuando el sujeto deseante desea algo terrible, inconfesable. Ese es el peor de los tiempos. Ahí radica el mayor de los trastornos, el peor de los estados.

¿Qué estás escribiendo? ¿El presente? ¿El pasado? ¿El futuro? el tiempo de la escritura es el de la escritura. Ese es un tiempo que condensa y concentra todos los tiempos. No creo, como el epígrafe del Borges profesor, donde recupera la teoría de William Wordsworth, eso de que el poeta deba escribir siempre sobre el pasado, una vez que apaciguó los impulsos y puede analizar objetivamente los sentimientos: “la emoción recordada en la tranquilidad”. Es verdad que funciona lindo, suena mejor, pero es una tediosa mentira. Es algo así como la definición de Bécquer: “poesía eres tú”. La poesía es mucho más yo, sin duda. Ese sevillano era puro “Yo”. El poeta es un artefacto del yo. Pero la poesía no es tan así, porque con el poema sí se explota hacia afuera, sí que se juntan todos los tiempos y los espacios y las personas. Territorio del lenguaje, territorio colectivo, territorio compartido con la historia, territorio del deseo, territorio sin trincheras, territorio del contagio, territorio del peligro, territorio del deseo, territorio de la desterritorialización…¡Y qué molesto y oscuro estás hoy, Juan! ¡Verdaderamente insoportable! ¿Por qué no te contás una historia, ya que volviste al ruedo, ya que volvés a caminar las calles como antes…pero diferente, con pasos más actuales, menos épicos, más cercanos a la muerte?…

…Ah sí, serían más o menos las siete de la mañana y hacía un frío del ojete, aunque todavía sin escarcha. La idea era entrar rápido en calor con un café – pongo esta bebida y no mate, por cuestiones protocolares – y seguir adelante con la jornada, la primera de su vida. Pero no pudo. Algo o alguien lo tenía amarrado a la cama, la suya, la de siempre, la de todos los días. Primero pensó que era la pesadez que se siente al despertar temprano, cuando el cuerpo capta que su temperatura no tiene nada que ver con la del afuera de las sábanas. También se conoce como fiaca, ese bendito y maldito estado. Rápidamente, se dio cuenta que sucedía otra cosa, bien distinta. Su cuerpo estaba desperezado, listo para encarar un nuevo día de cuarentena, de exposición. Hizo fuerza con todo lo que tenía a su alcance, y tampoco funcionó. Gemía, ponía gestos dignos de cualquier diarrea, pero no conseguía levantarse de la cama. Comenzó a explorar sus extremidades, pero nada las sujetaba, nadie las presionaba contra el colchón. Todo su cuerpo yacía boca arriba, en total libertad, pero sin poder moverse. Se sentía como atrapado en un cadáver “¿Me estaré muriendo?” “¿Me habrá paralizado el veneno letal de alguna nueva clase de araña, una con algún virus de marsopa que mutó, una quimera muy extraña?”. Luego de unos segundos, pensó en lo peor “¿Habré muerto y este es el estado previo al fin total?” “¿Unos minutos sin dolor, como para poder recordar tranquilamente los mejores episodios de mi vida?” “¿Y por qué no empiezo a recordar nada, será que no tengo grandes éxitos para compartirme?”. Pasados unos instantes, que le parecieron eternos, se tranquilizó, tomó aire y quiso largarlo. Descubrió que no podía respirar. “¡Estoy muerto!” se dijo. Sin embargo, sentía latir el corazón. “¡Esto es peor, me estoy muriendo!”. Comenzó a desesperarse, a entrar en pánico. El latido del corazón era cada vez más intenso, parecía como que se le iba a escapar del cuerpo, como si solo el corazón respondiese a los estímulos enviados a las extremidades. El latido se aceleró a la velocidad de la luz, cerró los ojos, estaba bañado en sudor, pensó en que, finalemente, todo terminaría esa maldita mañana . . -Fría . – -Solo . – . —-..-.—— Y se despertó de un salto.

Era un sueño. ¿Era un sueño? ¿Qué cosa es un sueño? Y una pregunta fundamental para el final: ¿Por qué los sueños, por más traumáticos que parezcan, nunca dejan secuelas graves en la vigilia? Durante mucho tiempo pensé que eso era la escritura para mí. Escribir tenía el mismo efecto. Yo podía meterme en la vida de cualquier artefacto de ficción y salir indemne. Pero hace un tiempo que siento algo diferente. Será que estoy descansando poco, o que directamente, ya no sueño.

 

****La foto es el amanecer en Vivoratá, el mejor del universo, es como estar mirando la ventana del futuro. Y como para acompañar todo este combo, siempre García, en la misma línea:

***********Con la humildad de siempre, Juan Scardanelli, desde el barrio Rivadavia, cuna eterna del encuarentenamiento, la crisis económica y el crack psicológico-espiritual**********Constant contact: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar******************************************

Un comentario en «Poesía no eres tú, y yo no soy yo»
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