Sexo con robots

Sexo con robots

Llueve en la ciudad (in)feliz, no da más de temporal. Pero hoy lo tomo como una señal álmica, una buena noticia. Finalmente, el universo se pone de mi lado. Todavía estoy limitado por la doble fractura de una costilla, no puedo surfear, me entra agua por las ventanas del departamento, se cortó la luz… así que aprovecho para escaparme – muy despacito y con extremo cuidado – hasta el cine más cercano. Para ver esta semana – y es una obviedad por la cercanía de la entrega de los premios más aburridos de la industria cinematográfica yanqui – está en cartelera 1917, la película bélica de Sam Mendes, la que apareció de la nada para meter la cola y transformarse en la favorita para alzarse con la estatuilla dorada a mejor realización del año para Hollywood y allegados. Pero la nota no va a tratar tanto sobre la peli, que en verdad me desilusionó un poco. Vale aclarar, no digo que sea una mala película, pero de ahí a ser “la mejor del año” hay un campo minado por bombas alemanas. El tema que me lleva a escribir hoy, más que nada, es la compañía y el afecto.

A saber,

cuando las cosas están pasando en tiempo real es difícil sacar conclusiones, hay que ir armando el barco mientras este avanza sin parar. A veces uno no se da cuenta y todo puede terminar como en el Titanic – para seguir con la onda Oscar, el viejo Oscar: esa ceremonia embolante de tres horas en la que nunca gana Leonardo Wilhelm DiCaprio. Y maldito el día en que se rompió esa etapa dorada y le terminaron dando el premio a Leo, a destiempo, cuando finalmente había podido sobrevivir – o como en El renacido. La diferencia es muy fina, y puede llevarte a ganar un premio, a pasar un buen día o a hundirte en el vacío. En el caso de 1917, hay que imaginarse que no podría haber existido sin los premios Oscar, en particular. ¿Por qué? Porque parece hecha a medida para la ocasión: la película simula un gran plano secuencia que sigue a dos jóvenes soldados empeñados en cumplir una orden, ir de la trinchera aliada a la del enemigo para llevar un mensaje al capitán de un pelotón que está a punto de ir al muere. Entonces el primer link con otra peli súper oscarizable: Birdman. Más atrás, en la misma sintonía con el máximo premio hollywoodense, cabe comparar el tema guerra y rescate de soldados con la inefable Rescatando al soldado Ryan. Y para cortar acá con las filiaciones, volvemos a donde empezamos: Leonardo DiCaprio. Aquella vez en la que Leo cortó la racha y se llevó la estatuilla a mejor actor, lo hizo por un bodrio de supervivencia titulado Revenant (El renacido), también oscarizable. Bueno, 1917 tiene todo de eso, es esencialmente una película de supervivencia de un par de soldados. En definitiva, la peli de Sam Mendes tiene demasiados ingredientes oscarizables, ergo es la máxima candidata para ganar el domingo próximo.

Ahora bien,

volvamos a mí, a mis ganas de cine un día lluvioso, a la compañía y el afecto. A ver pelis suelo ir solo, porque me considero insoportable. Tengo mañas detestables, suelo perder la paciencia si el/la/le compañere me distrae hablando, o con su celular. Esta vez, como el año 2020 es un año de cambios – un verso de los astrólogos válido para todos los años nuevos – decidí invitar a alguien más, ir acompañado. Pero antes, esta persona X debía cumplir un par de requisitos:

– No tener celular, o estar dispuesta a dejarlo apagado por tres horas (aunque la película durase menos, para mí es fundamental la previa y un rato después, lo que sería el epílogo)

– No ser de esas personas que comen en el cine. Nada más molesto que sentir cómo mastica alguien al lado o cómo trata de abrir un paquete de algo intentando hacer el menor ruido posible.

– No hacer comentarios. ¡Las personas que comentan la película mientras acontece!. Yo pensaba que se trataba de un mito, pero doy fe: Existe gente que hace eso de interrumpir las escenas para preguntar o comentar algo.

– Aguantarse las ganas de ir al baño. Esta me parece fundamental, es muy molesto estar con alguien que espera el momento en que se apagan las luces para recordar que se está haciendo pis o cagando.

– No moverse demasiado. El movimiento en la butaca debe ser mínimo, ¡mínimo! Existen personas que cambian de posición piernas y brazos cada dos minutos, lo cual refleja una ansiedad enfermiza y es un verdadero plomo para quienes están al lado.

– No pedir besos, caricias, abrazos. No señor, el cine no es un telo barato. Aparte es una fantasía sexual demasiado inducida por el mismo cine: ¿bostezar para estirar el brazo y así poder abrazar discretamente a quien está al lado? ¿Y después de eso chapar y llegar al garche? ¡Paaaar favaaar!

– No respirar fuerte. Hay gente que lo hace y es súper molesto. Quien sabe que sufre de ese padecimiento, debería alejarse del resto de les asistentes de la sala. No es discriminar, ni ser grosero, solo que realmente es incómodo.

– Y esto es un último dato para tener en cuenta: las butacas comparten apoya brazos. La regla debería estar muy clara: el que te corresponde es el de la izquierda, el otro es de tu vecine. No estás en el living de tu casa y no podés hacer lo que querés, por desgracia. Si todes nos ponemos de acuerdo y aceptamos que el apoya brazos a utilizar es el de la izquierda, tal vez, seríamos una sociedad mucho mejor. O por lo menos no habría tantas guerras y nadie podría volver a hacer películas clásicas y remanidas como 1917.

Todo eso pensaba mientras seguía al protagonista del film, que corría entre las zanjas de las trincheras enemigas, nadaba entre cadáveres y se hundía en el barro más asqueroso, como un Dante sin guía en el mismísimo infierno. Y claro, en el final siempre está la foto de la familia, porque el chabón es un soldado del dios cristiano y es hetero, esposo, padre, buen hijo y cumple con las órdenes que el poderoso de turno le solicite. Y en eso se parece al director de la película, otro soldado al servicio del cine clásico que le gusta a la Academia más chota del mundo. ¿Y al lado, a quién tuve todo este tiempo? No lo sé, realmente no me acuerdo. Pasa que me compenetro tanto con la película que estoy viendo que me olvido de todo lo demás. Y eso es una mierda, trae problemas insalvables en las relaciones con las personas. Por eso llegué a la lógica conclusión de que el mejor / la mejor / le mejor acompañante para el cine y la vida debe ser un/a/e robot. Digamos directamente robot, lo que me ubicaría como un alegre pansexual. Esa noche, terminada la función, me fui a dormir sin cenar. Tuve un sueño raro, en el que en medio de una tarde de bombardeos en lo que parecía ser una película más de guerra, tenía sexo con un robot. Pero no era uno de esos antropomórficos, tipo androide con forma humana. Se trataba de un robot no binarie, todo gris y hecho de chatarra ochentosa (como el del video de los Beastie Boys). Un Oscar para esa película, por favor, dirigida por mi (mí,) inconsciente.

PD: una reflexión más sobre los premios Oscar. El tema de siempre, en Hollywood cada vez que se piensa una película se lo hace universalmente, con la idea de agradar a todes, con la idea de que el gusto cinematográfico es algo común a la mayoría de las personas, que se puede manipular desde la gran industria. Eso es marca imperial, viene de fábrica con el país de los sueños. Pero la realidad debe ser más compleja, porque en la actualidad el campo artístico está muy segmentado y es bien diverso. Así también, el público está segmentado y se caracteriza por su diversidad. No hay una mejor película en el año, hay películas. Algunas, entienden esta cuestión y adaptan su forma y contenido a la historia que quieren contar, como la quieren contar, sin traicionarse. A veces sale bien, otras no, pero es el arte más genuino, el que no se engaña por buscar agradar. Del otro lado, las viejas y conservadoras mentes que siguen convencidos de que la historia y la forma que utilizan para contarla son universales.

PD2: Por cierto, la película que debería ganar entre las que se premiarán el domingo es la Coreana Parasite. Digamos que, desde mi óptica, cumple con los requisitos señalados en el párrafo anterior. Pero repito, poco importan las premiaciones, lo que hay son películas, la libertad para mirarlas y sentirte interpelade o no. Todo está permitido en el cine, siempre que te apoyes del lado izquierdo de tu butaca…

********************************Con amor, paz, humildad y deseando que la lluvia te trate bien: Scardanelli, aka juanmanuelpenino@yahoo.com.ar*************************************************************