Transición

La oscuridad suele tener algunos instantes de brillantez. Y no precisamente por causas externas, como el vuelo de una bandada de bichos de luz o la lluvia intermitente de estrellas. Hablo de esa cualidad propia que alcanza la plena oscuridad, cuando es genuina y lo suficientemente intensa. Es tan oscuro que se puede vislumbrar, intuir, alguna especie de brillo. Ese es el estado justo que  experimento ahora. Sí, sí, en este preciso momento, mientras escribo esta siguiente palabra: transición. Y lo hago en directo desde la vereda de Francia y Castelli, en lo que me gusta llamar el corazón del barrio Rivadavia, aunque sé muy bien que los barrios no tienen órganos ni son homogéneos. Para el caso, el barrio es una gran y larga calle que suele repetirse a partir de la segunda cuadra. Luego cae la ciudad, el país y el mundo, que serían avenidas un poco más anchas y largas, pero que siempre aparecen con forma recta y plana, porque en algún momento comienzan a repetirse. El mundo es una calle y punto. En esto me diferencio de los terraplanistas y de los terrahuevistas. He caminado calles diferentes, pero que al rato terminan siendo iguales, y cuando eso pasa redescubro que todos los polos son el mismo polo, las playas son la misma y la gente muy igual. Y yo el más igual de todos, en la vereda del Barrio Rivadavia o en la del cementerio de Botafogo, o en las calles del Vedado con ron y habano. Una larga calle que es, además, una misma patria. La mía y la de todes. La nuestra, la que se empecina en repetir caprichosamente viejas historias. La patria del modelo extractivo de las riquezas naturales. Ese viejo y mezquino esquema al que nos condenaron desde otras calles más lejanas. Grandísimos espacios donde la naturaleza se esparce para ser atacada con venenos, cultivos transgénicos y monumentales incendios generados adrede. Y luego esas inestables ciudades-estado, con sus injusticias y su ceguera, su xenofobia y su indiferencia. Mientras, los chanchos de otros mundos se preocupan por la suerte de lo que ellos consideran el granero sojero del mundo. Porque nuestras naciones sudacas alimentan a más de cuarenta mil millones de chanchos en el universo. Somos el granero de soja transgénica del mundo, pero para alimentar chanchos, chanchas y chanchitos. Y de eso nos enorgullecemos, y de algún futbolista, algún científico y un director de cine que sale bien en las fotos de las fiestas en Hollywood. En eso, en medio de esa oscuridad absoluta, yo qué sé, por ahí se deja notar algún diminuto brillo de algo. Y en eso es domingo y un loco, remisero del barrio, después de clavarse la segunda línea me cuenta la historia de su primo:

– Resulta que era un tipo casi como cualquier otro. Bastante realizado desde el punto de vista de mi abuela, estaba casado y tenía dos hijes con esa mujer. Además trabajaba en una ferretería que vendía bastante bien por aquel entonces. Pero llegó la súper crisis del 2001, Racing campeón y De la Rua huyendo en helicóptero. Transición. La ferretería no le vende un tornillo más a nadie, la jermu se va con los pibes a otra parte y él se engancha en la droga. Primero empieza tomando merca, fuerte, como si no hubiese mañana. Ahí, ya mi abuela lo habría condenado al círculo de los viciosos, muy cercano al ojete de satanás. Curioso, pero es el mismo movimiento. La sociedad trabaja como una olla a presión. Para algún lado vas a estallar. Lo que en verdad funciona mal es todo el mecanismo, desde su misma concepción. Mi abuela estaba equivocada. Como sea, este primo mío empieza a vivir en medio de la crisis total como un yonki, en el departamentito del barrio solo tiene un colchón viejo todo cagado y un tarro de pintura que funciona como mesita de luz, donde casi siempre hay una piedrita, una jeringa, la cuchara y la droga que sea para anularse un rato más. Pero, otro error, la droga no anula, inventa otros personajes. Si se quiere, funciona como una ficción. Es literatura en tiempo real, la droga. Te dejo el secreto y hacé con él lo que quieras. En tal caso, ni mi primo ni yo somos o pretendemos ser modelo de nada. ¿En qué se diferencia una persona que muere de acv con otra que estalla por adicción a la heroína? En nada, la olla es parecida y todes explotamos por algo. Mi primo estaba re contra enganchado, mal. Y en ese momento en que empieza a vivir como un fantasma, pendiente solo de conseguir alguna dosis para poder tirar algún día más, bueno, le apareció ese brillo en el medio de la oscuridad más negra. Un amigo suyo entró en carrera política, pegó una elección como concejal y él entró como trabajador municipal en espacios verdes o algo así. Los que se ocupan de las plazas. Cuestión, ahora tenía un lindo sueldo y podía conseguir las dosis necesarias para vivir sin necesidad de mendigar al dealer. Se mudó de barrio, consiguió ropa linda y volvió su mujer y con los chiques. Ahora era bastante funcional, la olla bajaba la temperatura por un tiempo. Es posible vivir así, quemado por la vida. Si lo ves hoy, hasta parece un buen padre de familia, un trabajador responsable. Pero si vieras cómo se falopea el muy turro. Cada tanto se escapa de la casa y vive una de esas noches completas, vuelve al barrio y manda cualquiera. Se pone a tomar en los terrenos baldíos y se coge a cualquier pendeja que se acerca dispuesta a mandar fruta por un gramo. Y ahí tenés otra vida normal. Todo cambió y nada cambió. ¿Luz, oscuridad, día, noche? Todo lo mismo. La calle sigue siendo la misma por más que te alejes un poquito para un lado o para el otro. Mirá, ayer llevé a unos pibes a comprar una gaseosa a la estación de servicio. ¡Diez cuadras nomás! Les salió más caro el remís que la coca cola. ¿Y sabés por qué hicieron eso los pibes? Porque en el camino, si van los dos solos, los cagan afanando. Entonces prefieren tomarse el coche y pagar tres veces más la gaseosa. ¿Entonces? Nada, no hay culpables ni inocentes, lo siento. Las cosas se dan así porque ya empezamos formateados para ese lado. Y si no te gusta jodete. ¿Qué carajos vas a poder hacer vos para cambiar qué? Además, ¿vos estás seguro que tu cambio no es la misma mierda a la que ya estás acostumbrado? Pensalo bien, antes de querer imponer tu gran verdad, no te olvides que vos venís de la misma calle que yo.

 

El loco remisero me dejó pensando mientras me llevaba a votar a una escuela en la loma del orto. ¿Cuándo carajos me van a actualizar la dirección? Transición. Hoy veo las cosas un poco más oscuras de lo que debiera. Pero es un efecto visual, es un color también. La verdad de la trama es que no hay tal diferencia. Oscuridad y luz son caras de la misma moneda.  A lo mejor lo que está equivocado es la moneda y el material que la conforma. A lo mejor el que está equivocado soy yo. En las historias no hay héroes, villanos, inocentes ni culpables. Hay gentes de carne y uña, que hacen lo que les dejaron hacer. Que intentan lo que pueden, que construyen sus fantasmas y deseos todos lo días, en las mismas calles, por los mismos barrios.

 

***Con humildad, Scardanelli. Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar

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