Volver a leer

                                                           Los fantasmas son reales. Y no siempre vienen los que uno llama

Mariana Henriquez, Nuestra parte de noche

Los gestos enigmáticos. Esa obsesión por entender las tramas de la vida como formas de lectura que van en pos de generar misterios, buscar descubrir secretos. Como si la vida fuese una gran novela total, que hay que ir develando, que hay que ir interpretando. Pero la lectura es solo un punto de vista, solo podemos darle una interpretación, para no desquiciarnos, para no terminar un año más… Ese lapso temporal que nos inventamos para angustiarnos un poco más, para utilizarlo de excusa celebratoria, que esconda todos nuestros deseos no cumplidos, que entierre todos nuestros deseos inconfesables. ¿Balance? ¿Para qué? Si ya sabemos, más o menos, hacia qué lado se va a inclinar. Digamos que llegamos al final de un ciclo, y que la semana que viene empezará otro, que no será muy diferente del que terminó. Llegó la hora de llenar hasta el tope las copas y los vasos, mirar a los ojos a un par de extraños que se empeñan en acompañarse sin quererlo demasiado, y pensar que ya nada es posible, que todo lo que hasta ese momento es uno basta. Al menos esa sensación de alivio hasta mañana. El día cero, el día uno, el día cien…Y habrá empezado el verano, la temporada, en la ciudad (in)feliz y todes seremos mejores personas. Al menos las primeras horas del año nuevo – aunque los chinos ya pasaron por lejos el 2020 – que rápidamente pasará a ser tan anciano como el anterior. Sobre todo, tan parecido. Y tan extraño también, tan enigmático. Porque todavía nos quedan un montón de cuestiones por resolver, un millón de secretos por descubrir. Habrá que esforzarse y aguantar mucho, para poder llegar al final del próximo año, y así volver a sentarnos a escribir más o menos lo mismo que hoy escribo…¿Soy yo? ¿Sos vos? O será ese tercero, que camina siempre detrás, esperando ser visto, esperando porque alguien descubra su voz. ¿Y qué tal si nos dignamos a escuchar esas voces que ignoramos a propósito? ¿Qué tal si escuchamos, por favor? ¿Y si leemos sin ataduras? ¿Y si en verdad leemos con toda la furia y la atención que merece la lectura?… Espero no escribir más con un vaso de alcohol en la mano, por lo menos unos meses. Después ya sé que no lo voy a poder evitar. Porque escribir, como dice María Moreno, es escarbar. Y eso duele, duele mucho. Un secreto, el último del año viejo: escribir genera abismos, soledades dolorosas, abismos, abismos.

– ¿Y si duele tanto, por qué no dejás de hacerlo?

Eso me preguntó mi amigo, Caio, de Porto Seguro. Y yo dije algo así como que eso era imposible. Porque escribir es como respirar, lo hacés sin darte cuenta. Y cuando dejás de hacerlo empezás a sentir un ahogo horrible, como que la vida se te va.

– Y sí, Caio, te dan ganas de volarte la cabeza y ya. Y te tomás un par de botellas de algo, te metés gilada y hacés todo lo posible para anularte. Porque ya no respirás, no sentís el aire. Entonces reincidís, vuelta a empezar el año, la hoja en blanco…

Entonces, en vacaciones, viajando, es todo lo mismo. Eso descubrí este año. El tercero, el fantasma, el que no quiero mirar, siempre viene conmigo. Y no lo puedo ignorar. Pero yo no lo invoco, no lo llamo, no lo busco, y me sigue igual. ¿Paranoico? ¿Esquizofrénico? Ponganlé el nombre que quieran, nominadores seriales. Llámenlos trastornos si quieren, no me interesa. Lo que pienso es que nadie tiene el derecho ni el poder para decir qué cosa es la realidad, cómo hay que actuar, cuáles son las reglas. Ante eso yo estoy parado, una tarde lluviosa, en un museo, viendo ese cuadro: Gabrielle d´Estrees y su hermana en el baño, con un gesto enigmático. Lo invoco, cada vez que me siento solo, cada vez que pierdo la realidad. Lo invoco, lo miro sin pensar, buscando nada. Ya no interesa qué cosa es la realidad, no importa mi gesto inútil, no importan nuestras lecturas, los mecanismos narrativos, nada. Es la imagen y todo lo que dice, y todo lo que no dice. Y el tercero al lado mío, siempre.

– ¿Y vos?

– ¿Y yo qué?

– ¿Dónde vas?

Si tuviese una respuesta, te lo juro, ya te la habría regalado. Un obsequio especial, de fin de año. La respuesta como contraparte del silencio. La respuesta como ausencia que te hace seguir, un poco más, un año más…

…Los muertos viajan rápido     

Te invoco, sombra terrible del año nuevo. Comencemos un nuevo camino, inventemos nuevos destinos. Siempre inquietos, siempre desplazándonos, siempre en movimiento, siempre en el camino. Y respiremos, sí, respiremos juntos una tarde más. ¿Dónde? Donde más nos gusta, porque es nuestra condena. En la esquina de Francia y Castelli, barrio Rivadavia, año 0….

En este relato soy como Quiroga, estoy en una selva frente al mar, que en realidad es un departamento de cuarenta metros cuadrados, en un segundo piso. La cobra real de la india es una araña del rincón, que me acecha mientras cuelgo la ropa en el tender. Salta hacia mi cuerpo con todo el veneno del año, el veneno del mundo, con toda su injusticia y su violencia. Me clava fuerte las mandíbulas y quedo paralizado para siempre. Mi cuerpo irá a parar al mar, pronto, en alguna crecida. Mis fantasmas estarán solos, y eso es lo que me preocupa…

El espacio de la ficción, el corte de la realidad. No es mi intención el de hacerte fácil la lectura, pero tampoco quiero desanimarte. Relajate, respirá hondo y nos vemos en ese mar, con todos sus riesgos pero plenos de libertad.

*Las lecturas comprimidas: Nuestra parte de la noche (Mariana Henriquez), Escritores norteamericanos (Ricardo Piglia), Black out (María Moreno), En el camino (Jack Kerouac), Anaconda y otros cuentos (Horacio Quiroga).

**Bonus track: poema de fin de ciclo

                               CALLE

La calle habla y no la escucho
son vientos rápidos,
mareas asfálticas,
humanas,
de metales.
Y miles de hormigas,
que llegan para gritar
verdades,
mentiras,
amores,
venganzas,
sangres
y vómitos
de vida urbana.
Tardes de bocinas,
humo,
papeles de colores,
fracasos
y banderas,
arco iris
en cemento
creando
e inventando
historias,
narraciones,
mentiras tamizadas
con pasión y muerte
y vida
y muerte
y muerte.
No escucho
los vientos
en la calle

(JMP)

******Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar