Y qué
cagada son algunos cuadros, que resultan mucho más fuertes que cualquier imagen
de la realidad que superponen las pantallas de los celulares a mil kilómetros
por hora, con escenas tremendas de muertos en la guerra, muertos por asesinato
en un subte, muertos por enfermedades, muertos por generar seguidores en las
redes sociales, y un largo etcétera de maneras de pasarse de largo de la vida,
posando una última mueca para el IG de algún amigue o pariente. Pero qué real
cagada es tener casi todo el tiempo presente un cuadro, una imagen de
fusilamientos, y cómo me cago en Goya y su recalcada pintura. Entonces, cuando
me preguntan qué cosa opino de la vida, que para dónde creo que va el mundo, de
dónde venimos los seres humanos, qué es el poder, qué es la vida, y sobre todo
qué es la muerte, se me viene a la mente el cuadro de Goya y nada más, el resto
queda en blanco. ¿Qué otra cosa nos queda por fuera de esa imagen, de ese óleo
sobre tela? Nada. O tal vez sí, un aciago día después, que es el comienzo de la
venganza, con la esperanza de dar vuelta de alguna manera esa terrible imagen,
generando un nuevo caos, miles de fusilamientos, a cuál más justo. Y así se nos
pasa el tiempo, y sigue su camino cada año más rápido, y median adelantos
tecnológicos, grandísimas personas, grandísimos artistas, textos, músicas,
estudios que hablan de la paz y de que la Historia está ahí para enseñarnos que
no debemos caer en los mismos errores, tropezar mil veces con las mismas
piedras. Pero no, cualquier fachistoide de ocasión termina por caer bien,
termina por utilizar el arsenal de mierda que cargamos diariamente, todo lo que
va a generar miles de esas imágenes otra vez. Y como las podemos reproducir y
compartir cien veces por minuto, ya casi que pierden la capacidad de
asombrarnos. ¿Qué son los muertos de las guerras, de las enfermedades de hoy
día? Un flash informativo, una publicación en red social debajo de un gato
arañando a un perro asustado, o de un cómico haciendo un embolante intento de
demostración de inteligencia. Y todas esas cosas dando vueltas por la esquina
de todas las semanas, barrio Rivadavia, Francia y Garay, y sentarse a tomar la
birra y que las imágenes se vayan reciclando para poder empapelar el próximo
día. Pero ya las olvidé, ¿y será que estoy perdiendo sensibilidad? ¿me habré
convertido en el monstruo que pensé que me iba a convertir? Entonces Goya, Goya
y los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío, y esa manera de
relacionarlo con Operación Masacre de
Walsh y los fusilados de todas las dictaduras, y sobre todo las de Argentina,
la del propio Walsh. Y son lágrimas las que me caen ahora, no lo puedo evitar.
No lo quiero evitar, porque el cuenco de los ojos se me llenó de muerte y hay
días en la semana que no puedo fingir más. ¿Acaso ustedes pueden? Necesito
llorar solo un rato, para poder pararme y continuar con la rutina, mientras voy
tratando de que ese cuadro se aleje de mi vida en algún momento, se aleje del
mundo de una buena vez. Utópico. Así llaman a la paz mundial, que parece una
frase pasada de moda, y que en realidad nunca estuvo de moda. Ya nadie habla de
paz, ningún partido político la tiene en su jerga, nadie reclama nada en su
nombre. Y el que lo hace, obvio que tiene un interés lamentable de fondo, o es
un multimillonario que quiere, además, llamar la atención para tener millones
de seguidores en las redes sociales, como si fueran otra criptomoneda. Algún
día me voy a reconciliar con esta realidad, lo que equivaldría a sanar. Pero
mientras tenga ese maldito cuadro de Goya contestándome hacia el pasado, hacia
el futuro, y jodiéndome en el presente, lo siento. Pido perdón, no voy a sanar
así. No quiero. Voy a revelarme una tarde más, levantar la cerveza y tomar un
buen fondo blanco, y todo en nombre de la insípida paz. Y que me digan lo que
quieran, que soy un pelotudo y peores cosas, que eso equivale a rendirse, y
etcétera. Esta tarde lloro, esta tarde Goya me caga la vida, porque Goya me
sigue retratando la vida con ese maldito cuadro, que sigue y seguirá siendo la
respuesta a toda pregunta sobre la vida, sobre la muerte. Sí, me cago en vos,
Goya.

**Y que la vida siga girando, y a ver dónde terminamos…y qué bueno cuando Pink Floyd sí hacía temas zarpados…

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