¿Hay alguien ahí afuera? – una laaaaarga opinión más –

PRIMERA PARTE

La pared.

Llevar un diario de la cuarentena me parece superfluo. No creo que haga falta que una persona más – en esta excepciolamente excepcional situación – deba empezar una nota así: “Cuarentena día 0″… Supongo que llevamos un par de semanas, la gran mayoría en el planeta, encerrades en nuestras mentes. Cabe la aclaración, porque hay mucha gente también que sigue yendo a laburar para salvar a otra gente, que tiene que atender otra gente, que tiene que llevar y traer hijes, pasear perros, hacer compras y un largo etcétera, que también comprende a quienes le restan credibilidad a la cuarentena y aprovechan para “escaparse” cada vez que pueden. Pero yo quiero hablar del otro tipo de cuarentena que, a falta de mayor originalidad, llamé mental. Porque peor que estar encerrado en un departamento de dos por dos o en una casilla hecha pelota, es sentir que la cabeza está por estallar, sentir que uno es el pobre trastornado de Pink y que el muro – the wall – no para de robustecerse, no para de crecer…entonces: ¿Is there anybody out there?

Sospecho que sí, pero permítanme dudar. Porque yo le calculo que la gente que estaba cada dos segundos acariciando el celular para comprobar que llegó un meme más al mundo, actuaría de la misma manera sin cuarentena. Y quienes trabajan desde sus computadoras, van a seguir haciéndolo cuando podamos volver a la “libertad”. Una variante que pegó fuerte esta semana: los empresarios que eran garcas antes de la cuarentena, lo siguen siendo ahora y lo seguirán siendo después. Los eslabones más frágiles de la cadena alimentaria del capitalismo salvaje son les que más sufrieron antes de la cuarentena, les que más padecen ahora y les que más incierto tienen el futuro. Porque a la salida del coronavirus situation lo que habrá es más o menos el mismo mundo, con los mismos y pocos dueños, con los mismos y muchos esclavos. ¿O acaso alguien duda de eso? ¿Esos pensadores postpandemia que pueden llegar a ponerse de moda, en verdad creen que algo puede llegar a ser distinto en el mundo? ¿o lo único que cambiará es el título de sus ponencias, en las grandes universidades del planeta? En el barrio Rivadavia seguiremos igual, un poco más pobres y…

…Claro, como Pink, por ahí rompimos en mil pedazos el televisor y destrozamos los pocos ambientes que nos mantuvieron “a salvo” en cuarentena. Porque nuestras cabezas tienen caducidad, aguantan hasta donde pueden. Ahora, estas dos semanas que nos quedan, por ahí las podemos utilizar para ordenar todo ese desastre auto infligido contra nuestro espacio reducido, contra nuestras cosas, contra nuestro cuerpo, contra nuestro espíritu. Y claro que nos vamos a engañar, una vez más. La culpa habrá sido del virus de mierda ese, que nos obligó a encerrarnos, que nos complicó la relación, que nos distanció. No nos quedó otra más que alejarnos, odiarnos un poco, porque nos descubrimos como soretes egoístas, individualistas, ortivas y botones. Porque no nos quedó otra que pedir a gritos el Estado de sitio. No tuvimos más opción que sacar a la plaza de San Pedro la estatua de de un Dios devaluado, para jugar a la ficción de que un rezo nos va a salvar de ser tan forres. Y nos dimos cuenta también de que hay deportistas que tienen demasiada plata, y que si eso se viraliza por Instagram estamos fritos, porque va a quedar claro que nadie es igual ante la ley. Que quienes detentan el poder real son muy poquitos, muy poquitas, y que todes les demás estamos a la intemperie, entonces…Is there anybody out there?…

¿Era para tanto la cuarentena? Y, la verdad que no. Mulear más de diez horas en cualquier laburo del orto, que gracias por tener piedad y darmeló, para poder pagar Netflix a fin de mes y ver la serie número seis millones, sobre un chabón que labura y lo explotan y vuelve a su casa y descubre que su pareja le mete los cuernos con su amante, y entonces se vuelve loque y comienza a fabricar su propia droga y la vende masivamente y se hace capo narco y…te quedás dormido, y mañana hay que volver a la esclavitud, y cuánto hace que no siento nada real, y a veces siento que estoy encerrado y que el universo son solo veinte cuadras, las que transito de ida y vuelta al laburo todos los días, y que si me pongo a estudiar siento que estoy leyendo lo que ya nadie lee, porque todo es otro ladrillo más en la pared, y la pared no está revocada, ni siquiera es linda, y hace mucho que nadie le da una mano de pintura fresca…Todo eso es peor…

Volvemos, cuarentena, día vaya uno a saber… Porque me acabo de dar cuenta de que venimos cumpliendo con una cuarentena mucho más larga, profunda y tediosa que la del coronavirus. Porque lo que más preocupa es que no podemos decir a ciencia cierta qué cosa es la libertad. ¿La libertad es poder consumir más y mejor? ¿La libertad es poder consumir lugares, como si fueran objetos? ¿La libertad es poder consumir personas? La libertad es…Is there anybody out there? Creo fervientemente que la libertad es un camino que perdimos hace tiempo. No estoy convencido de que la cuarentena actual sea el problema, mucho menos el virus o el “desastre económico” que siempre está en el horizonte por venir. Porque acá una pista para les especialistas de la economía que vaticinan catástrofes luego de la cuarentena: ¿Cuándo fue diferente en Argentina, en Mar del Plata, en el Barrio Rivadavia? ¿Cuándo nos dijeron que ahora sí, el futuro económico va a ser próspero? ¿Próspero? Próspero es un soldado romano, represor, que se dedica a mandar al frente a sus vecines, porque siente que ahora su vida vuelve a tener sentido. Porque no hay nada más lindo y reconfortante que juzgar al otre y verlo por el piso, humillado. ¿Te da verguenza ese sentimiento? Lo podemos obviar, por supuesto. Es otro ladrillo más en la pared, es culpa de la cuarentena, es culpa del virus…¡Mejor rezar! no importa tu Dios, como dijera Lennon, Dios es un concepto. Y perdón por lo que te voy a decir, pero es un concepto de mierda: Dios. Es un ladrillo más en la pared, pero es de los más grandes y molestos, y lo pero de todo es que ¡no lo podemos ver! Como un virus. Y si hacemos la cuenta, no hay duda, que el virus Dios mató muchísimas más personas que el Corona virus. Para colmo, el virus Dios sigue condenando gente después de la muerte, no da respiro. Entonces, ¿cuántas cuarentenas más tendremos que pasar?…

La mental, la peor de las cuarentenas, viene durando añares. Y parece que los bloques son tan sólidos y pesados, que no los podemos deconstruir, porque mejor sería destruirlos de una vez, y si hay que construir que sea con otros materiales, con otros conceptos. Porque para salir de la cuarentena mental, para destruir the wall, vamos a necesitar pensar a contrapelo, como el Benja. Vamos a necesitar del otre, pero no del otre digitalizado y envuelto en pantalla chica para consumir como chupetín. Vamos a necesitar del otre en cuerpo y mente, frente a frente, aliento con aliento. Y si no funciona volveremos al estado Pink, una vez más a destrozar televisores, discos, repisas y roperos; no me vas a contestar las llamadas telefónicas, mis vínculos estarán rotos, ausentes…Is there anybody out there?

SEGUNDA PARTE:

Los ladrillos.

Las segundas partes nunca son buenas. Lugar común, frase hecha, que tiene su anclaje en la realidad cinematográfica. Tiene que ver con eso, la primera parte se lleva todo el factor sorpresa, y a la segunda solo le queda repetir lo positivo de su antecesora, funcionar como atomizador de fragmentos recordados que produjeron alguna buena sensación. Pero seamos claros, no es lo mismo. Esta segunda parte de cuarentena tiene algo de eso. La paciencia empezará a ceder a la ansiedad por salir. ¿Salir, a dónde? Calculo que no habrá mucha originalidad, solo volver a una rutina que no tenía nada de especial. Volver a ver más o menos a las mismas personas en los mismos contextos, hasta que nos acostumbramos otra vez y listo, tercera temporada de la cuarentena. Porque la vida sería una cuarentena que se renueva periódicamente. Y para romperla necesitamos…¿Qué cosas se necesitan para romper una cuarentena? No lo pienso decir, porque los miedos son más grandes. Es decir, no tengo muchas ganas de que la gente salga en estampida a los bares y los cafeses del centro para contagiarse y contagiar, después del esfuerzo de la primera temporada. Hablo de la cuarentena mental, otra vez…Is there anybody out there?

La manera de escribir, que adopto en este “momento” de la historia, es un tanto diferente a la de todas las semanas. Porque me cansé un poco de tener que andar escribiendo notas adaptadas a la lectura por celular. Textos hiper recontra recortados, para lectores “electrizados”, cuyo poder de atención no sobrepasa los dos minutos. ¡Dos minutos! ¿Cómo se puede razonar en tan poco tiempo? ¿Cómo se puede profundizar en cualquier tema con solo dos minutos de lectura, dos minutos de ejercicio mental? Ahí es donde quería llegar, finalmente. esos dos minutos, esa falta de concentración, esa pereza por alcanzar la profundidad en la lectura, ese no dejarse llevar y fluir con la lectura. A eso le llamo cuarentena mental. ¿Por qué la búsqueda desesperada por simplificarlo todo? ¿Para qué recortar, reducir el lenguaje, como si trabajáramos de censores sin necesidad, ad honorem? Será que el Sistema nos pulverizó de tal forma, que ni siquiera necesita controlarnos y reducirnos. Nosotres mismes nos ponemos los ladrillos en the wall, hacemos cada vez más fuerte y firme ese muro. Nosotres nos hacemos esos daños irreparables, nos construimos nuestro propio meme donde somos protagonistas, donde queremos subrayar lo obvio con un solo gesto mínimo y no hablar más, no discutirlo más. Porque discutir está mal visto, es de mala vibra, de mala onda. Lo que va es volar bajo, nadar la superficie, poner cara de bolude y seguir la corriente. Y la corriente la controla un aparato celular, una pantalla celular, el coche celular / policial. Nada es casual, menos el lenguaje. Nada es transparente, menos el lenguaje…Is there anybody out there?

Una manera de pedir ayuda es, en estos tiempos, buscar alguien que me ayude a autoayudarme. Pero el engaño es que: ¿cómo me puedo ayudar a mí mismo, si soy justamente el que necesita ayuda? Para eso se inventó un muy mal género literario. Pero una amiga, el otro día de cuarentena- ya ni se cuál -, me dijo: “yo conozco a alguien que dejó de fumar gracias a un libro de autoayuda”. Es decir, alguien necesitaba ayuda, la buscó en un libro escrito por un autor que no lo conoce, y ese libro lo ayudó a autoayudarse para dejar el cigarrillo. Se convirtió en su propia solución, la misma persona que había generado su propio problema. En definitiva, los libros de autoayuda son una paradoja en sí mismos, y tienen esa característica común con las personas. Paradoja somos, de la paradoja venimos…ergo, la solución para la pandemia es la cuarentena, que viene siendo nuestro problema desde comienzos del siglo pasado. Porque ya veníamos viendo, como sociedad, que el peligro son los otres. Lo dijo Sartre en los sesenta: el infierno son los otros – él no conocía el lenguaje inclusivo, a pesar de que su mujer Simone se lo recordaba diariamente -. Y después vinieron la época de los atentados, la psicosis en los aeropuertos, la guerra, el miedo a los extranjeros, los inmigrantes y un largo etcétera. Llegamos a lo que llegamos porque lo fuimos provocando. Y ahora, este maldito virus, nos dio la razón, lo pusimos en el lugar de Dios: tenemos permitidos ser hijos de yuta con los demás porque coronavirus. Pero cuidado, amigues, la cuarentena la traíamos desde antes. Ahora la podría llamar cuarentena espiritual. Después de esto nos quedaran el consumo a la distancia, por delivery, los besos con barbijo y los abrazos a los golpes, con codazos. Y por favor, que no estornudes. Y ¿dónde quedan los cuerpos?…Is there anybody out there?

Que se hagan cargo los gobiernos, porque los cuerpos son descontrol y riesgo. Y en buena hora.Informo, además: las mentes también, son revolución, movimiento. Es riesgo, porque todo movimiento conlleva un riesgo, o muchos. ¿Y eso está bien, está mal? No creo que sea una cuestión moral, sino una cuestión vital. ¿Qué se quiere de la vida?. ¿Romper cuarentenas? ¿Respetar cuarentenas? ¿Deconstruir cuarentenas? ¿Destruir cuarentenas? Por un día, una semana, dos, creo que estuvo bien. La intención, en un principio, era no hacer un diario de cuarentena, sino más bien plantear dudas sobre la cuarentena. No es esta nota un llamado a la desobediencia ciudadana, para nada. Es solo una propuesta de lectura, para empezar a pensar cómo saldremos de esta situación “especial” – espcialmente molesta, especialmente horrible -. ¿Salimos juntes? Invitame…Is there anybody out there?

TERCERA PARTE:

Los estados del Estado. ¿Para qué destruir el muro?

Mucho se habla en estos días – y se seguirá hablando más allá de la cuarentena – del rol del Estado. El Estado como ese efecto totalizador que regularía cada lugar, cada aspecto y cada persona que ocupa un determinado espacio geográfico, en un determinado momento de la historia. El Estado es estar en un tiempo y en un espacio. Y los que se ocupan de estar son cuerpos, que deben regularizarse para no destruirse entre sí. Pero resulta que ese Estado puede tomar diferentes estados, dependiendo un poco el humor de sus habitantes y la calidad y cualidad de sus conductores/as. En estos días, se habla mucho de tres estados del Estado, en particular:

    1. Estado de excepción: Se supone de corta duración, un instante dentro del momento histórico que llevaría al Estado a tomar decisiones un poco impropias a su naturaleza “benigna”, con el objetivo de garantizar la buena convivencia y la buena salud del pueblo. Se supone un Estado que avanza sobre los derechos y las libertades de la gente, en nombre de un objetivo mayor y común. Pero con la promesa de que no se extenderá en el tiempo, que tenderá a la normalización de la vida lo más rápido posible, una vez aplacado el problema que llevó a esa solución – casi – extrema.
    2. ¿Solución extrema? Entonces hablamos del Estado de sitio: momento en que se pierden absolutamente las libertades individuales, se rompe la independencia de los poderes y las Instituciones. El poder absoluto, en su expresión más originaria – sería el grado cero del poder – queda en manos del Estado ejecutor, que implementa este caso extremo porque se supone que hay un problema crítico que así lo requiere. Aquí, el Estado se vuelve policial-panóptico y máximo regulador de la vida de las personas. Los riesgos del Estado de sitio se pueden comprobar lo sucedido los días 19 y 20 de diciembre del 2001, en el llamado Argentinazo. Habría que ser claros con esto: de un Estado de sitio se vuelve peor, es la no-solución que habilita la violencia estatal. Sin embargo, tiene no pocos adeptos, la mayoría aliados y simpatizantes de las dictaduras militares que sembraron el terror y la muerte en las décadas del 70 y 80 en Sudamérica.
    3. Estado de bienestar: Este, si mal no recuerdo, tuvo su auge luego de la Segunda Guerra Mundial. Tuvo que ver con el repunte de las economías de posguerra, en los devastados pueblos europeos. Trajo consigo la creación de Organismos Internacionales encargados de arbitrar en conflictos entre las naciones, y también encargados de sentar las bases para la mejora de la vida de los habitantes de las naciones en el mundo. Todo muy de fábula, en un comienzo. Pero, claro, no todos los Estados son iguales. Algunos Estados se tomaron muy enserio lo del bienestar de los suyos, y empezaron a avanzar sobre el bienestar de los demás Estados, los más débiles, los del tercer mundo. Entonces los Estados de bienestar más poderosos generaron un desequilibrio que produjo – paradójicamente – el fin del Estado de bienestar. Porque, ahora, el bienestar se privatizó y cayó en manos de grandes oligopolios, que con su naturaleza depredadora verticalista, fueron mercantilizando hasta el último de los derechos de les habitantes del antiguo Estado de bienestar.

Después de esta tediosa explicación – y para nada precisa o definitiva – volvemos al nado profundo…Is there anybody out there?…¿Es el Estado y su conjunto de estados la solución a los problemas que atraviesan los pueblos post capitalistas de hoy día? ¿El ciudadano de ahora, la ciudadana de hoy, le ciudadane del mundo globalizado / informatizado / celularizado / hiper conectado / hiper consumista / hiper consumido necesita de un Estado, se siente dentro de un Estado, es su estado asunto del Estado? No tengo buenas noticias, porque no puedo aventurar una respuesta. Tengo, sí, recuerdos de libro de cosas buenas del Estado de bienestar, pero como persona nacida en los ochenta, bueno, no fui testigo de grandes momentos de los Estados. ¿Insistir en el error? ¿Corregir para dar finalmente con un estado adecuado para el Estado de estos tiempos? La salida a la crisis de la pandemia puede arrojar luz sobre este tema. La capacidad de los Estados para dar respuesta a una crisis de salud global va a dejar conclusiones, tan lamentables como importantes para el futuro del orden mundial. A lo mejor, y acá sí me atrevo a tirar una punta, los Estados deberían empezar por reconocerse como iguales, deberían sentar nuevas bases para un nuevo ordenamiento mundial más inclusivo, más equitativo y mucho más humano. A lo mejor, los Estados deberían tomar un nuevo estado: el humane. Con e de ecológico y de enamorado del otre. ¿Acaso una nueva utopía? Me encantaría, sería hermoso dejar ese último mensaje y acostarme a dormir, y que mañana ya no apilemos más cadáveres, ya no escuchemos más de muertes ni de injusticias. Pero sé que no va a pasar, porque las cosas son mucho más complejas, tengo que volver a lo básico, el grado cero, yo, vos…Is there anybody out there?… Y, como el final de The Wall, algún día caminaremos entre los restos del muro destruido, entre los deshechos del mundo capitalista, que habrá llegado – por fin – a su fin. Y justo en ese instante en que la niña mira al sol para sonreír por ese futuro, una nubesita rebelde aparecerá en forma de preguntas: ¿Era esto, realmente, lo que querías?…¿Y ahora qué?…

*Cuando digo Benja me refiero al filósofo Walter Benjamin.

*Simone es Simone de Beauvoir, que nunca conoció el lenguaje inclusivo.

*El tema de los libros de autoayuda está un poco basado en un razonamiento planteado por Rodrigo Fresán, en su libro “La parte inventada”. El resto del texto se sirve del disco de Pink Floyd: The Wall, obviamente.

*También hay una alusión al tema God, de John Lennon.

 

*Coda: mientras escribía la nota, un amigo muy querido me contó que su jefe consiguió falsear unos permisos, para circular por la calle en tiempos de cuarentena. Por lo que mañana está obligado a exponerse e ir a trabajar, porque el capital exige siempre un sacrificio. No se puede negar, el laburo escasea y hay una malaria divina. Como siempre, en esta historieta, hay cuerpos que no tienen opción, hay cuerpos que tienen que sacrificarse. No todos los cuerpos son iguales. No todos los cuerpos pueden elegir. No había, no hay y no habrá libertad para todes.

*********************Humildemente, Juan Scardanelli, encuarentenado. Contacto: juanmanuelpenino@yahoo.com.ar****************************************************************************

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